Un secreto: literatura sin etiquetas.

Desde hace tiempo me pregunto por qué se sigue dividiendo la buena literatura en categorías que separan y restan —en lugar de unir y sumar— a sus posibles lectores. Y lo digo porque cada vez encuentro más apasionantes esos libros que llevan el sello de JUVENIL cuando los comparo con otros que son supuestamente para adultos.

Al parecer, uno de los parámetros adoptados por las editoriales es que, si el protagonista de una historia es un adolescente o un joven, ese libro tiene que estar dirigido a un público de edad parecida y clasificado como tal, con lo cual quedará apartado del camino de los adultos, que ni siquiera se molestarán en mirar los estantes etiquetados con rótulos clasificatorios que, de antemano, los discriminan y rechazan.

Este dudoso recurso ha privado a las últimas generaciones de adultos de conocer obras de calidad frecuentemente superior a aquellas que les están destinadas por el mercado, aunque a menudo la propia literatura “para adultos” contiene más tonterías y superficialidades que esa otra supuestamente juvenil.

Si este año se hubieran publicado, por primera vez, El principito, Huckleberry Finn o El guardián en el centeno, una gran masa de los lectores adultos jamás habría conocido de su existencia porque habría pasado de largo frente a esos libros clasificados para jóvenes.

Este tipo de segmentaciones en la literatura suelen ser más dañinas que útiles; ni siquiera son una guía confiable de interés o complejidad, sino más bien se erigen en obstáculos contra los propios lectores.

Mi queja viene al caso porque acabo de leer otra de esas novelas clasificadas como “juvenil” que deberían leer esos adultos que se quejan de no encontrar buenos libros.

Con un título muy escueto —quizás demasiado para los temas que aborda—, Un secreto, del escritor español Alejandro Palomas, es un texto para lectores de cualquier generación… y mientras más hayan vivido, mejor, porque sus propias vivencias les permitirán añadir estratos de lecturas y filones de significados a lo que esconde.

El escritor español Alejandro Palomas.

La trama gira en torno a cuatro protagonistas: Manuel, un joven viudo, y su hijo Guille, de nueve años, quienes intentan superar el trauma de haber perdido esposa y madre respectivamente; Nazia, una niña de origen paquistaní, cuyos padres han sido encarcelados por motivos que poco a poco irán develándose y que ahora vive en el hogar de “acogida” que le proporcionan el padre y el hijo, con quien establece una relación de hermandad: y María, la psicóloga de la escuela que mantiene reuniones semanales con ambos niños.

La historia —narrada a través de monólogos alternos del padre, el niño y la psicóloga— empieza a complicarse a raíz de un dibujo enigmático que Nazia dibuja en el aula y, luego, de una foto misteriosa que ella se niega a mostrarle a nadie. A esto se añade una extraña obsesión por cierto cuento de hadas, unos pasos fantasmales que se escuchan en el sótano del edificio, un raro artefacto que la niña guarda en su mochila, una fecha que se aproxima, y otros elementos que se van sumando para crear una atmósfera de suspenso que mantiene al lector en vilo.

Las relaciones entre los niños se enriquecen con la llegada a la escuela de una estudiante albina, proveniente de Mozambique. Este trío aparentemente disímil, tanto por sus orígenes étnico-culturales como por sus historias personales, forman una tríada inseparable que lidia con sus tragedias individuales apoyándose en la imaginación.

A pesar de las sombras que obviamente acechan por doquier, el tono de la narración huye del drama. A veces incluso provoca una sonrisa, porque los niños tratan de hallar sus propias respuestas recurriendo a los confusos datos que han recibido del mundo que los rodea y que, tras ser deformados y llevados a su nivel de comprensión, terminan siendo deliciosamente incorrectos.

Un episodio ilustrativo de lo anterior ocurre cuando los niños tratan de explicarse el hecho de que la estudiante proveniente de África sea tan blanca, cuando ellos saben que los africanos tienen la piel oscura.

—A lo mejor es que es albina porque es de Albinia, que me parece que es un país que está en el Polo Norte, al lado de Rusia y de Siberia Polar. De allí vienen los osos del zoo y Papá Noel. En Albinia todos son muy blancos porque viven en iglús y tiene los labios hinchados por el frío y ven poco para cazar debajo del agua. ¿Te imaginas que sus padres tuvieron que emigrar a Mozambique porque en Albinia no quedaba mucho hielo por culpa del calor de la tierra y se quedaron en paro? Y entonces fueron a África en un barco con muchos albinios más y naufragaron y los rescataron con flotadores rojos.

En conversaciones de esta índole, su autor refleja y resume tragedias como el calentamiento global, el desempleo y la crisis de los refugiados, con el peculiar toque de humor que nace de una mirada inocente.

De este modo, la perspectiva infantil expone penurias sociales y humanas que, no por estar investidas de ingenuidad y fantasía, resultan menos acusadoras. La propia psicóloga, en uno de sus monólogos, lo expresa así: “Los niños hablan, hablan siempre. Sobre todo cuando no hablan.” Y es lo que esos niños no dicen —o dicen a medias— lo que va deconstruyendo el secreto que se esconde tras la historia de Nazia.

Los monólogos de la psicóloga y sus diálogos con una profesora, el padre de los niños y algunos adultos más del entorno, ofrecen otro punto de vista que aporta nuevos datos… si bien la respuesta al enigma no acaba de llegarles, porque desconocen elementos que solo los niños manejan y ocultan. Es el lector, que se encuentra entre estas dos aguas, quien tendrá que nadar contra la corriente en medio de este torbellino que amenaza con arrastrarlo junto con el resto de los personajes.

Las 253 páginas del libro se dejar leer de un tirón por el modo en que su autor consigue ir revelando y engarzando los cabos sueltos de un misterio cargado de dolor y de peligros, cuyo sorprendente final culminará en una de esas catarsis enriquecedoras para cualquier lector. Y esto es algo que solo ocurre con la buena literatura. Así, sin etiquetas.

6 comentarios

Archivado bajo Contemporáneos, Crítica, Escritores, Lecturas, Literatura, Reseña

6 Respuestas a “Un secreto: literatura sin etiquetas.

  1. Vicente Gómez Montero

    Muy interesante, dan ganas de leerlo. Un abrazo cordial.

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  2. Dario Javier Martina Malano

    Hola Daina un gusto saber de vos🙏🌈, espero que estes muy bien, te deseo Felicidad🙏🌷🌈, admiro tu camino. Saludos!

    Enviado desde mi iPhone

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  3. ¡Hola! Leeré Un secreto, ya que viene tan bien recomendado. ¡Estoy segura de que me va gustar! Y tienes toda la razón, el encasillamiento dentro del mercado editorial suele hacer más daño que bien.
    ¡Estoy leyendo Los hijos de la Diosa Huracán y me tiene super enganchada!
    Abrazos,
    La Te

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  4. Victor R&M

    Totalmente de acuerdo etiquetas fuera. Apuntado!!!!

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  5. Se me ocurre lo difícil que sería poner “una etiqueta” a Los hijos de la Diosa Huracán. ¿Novela histórica, futurista, thriller…? Los buenos libros son inclasificables.

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