Shtisel: la joya oculta de Netflix

Akiva Shtisel, interpretado por el actor israelí Michael Aloni.

La descubrí por casualidad. O más bien, por curiosidad. Todo empezó después de ver Unorthodox, la miniserie germano-estadounidense de cuatro capítulos que narra la fuga de Esty, una joven perteneciente a la comunidad de judíos ultraortodoxos de Williamsburg (Nueva York), que intenta escapar de una situación matrimonial que detesta.

Dirigida por la alemana Maria Schrader y protagonizada por la actriz israelí Shira Hass, está inspirada en la autobiografía Unorthodox: The Scandalous Rejection of My Hasidic Roots, de Deborah Feldman. Debo aclarar que la serie no sigue fielmente el libro. Para empezar, todo lo que ocurre en Alemania es pura invención. Así y todo, vale la pena verla. Posee una atmósfera muy peculiar y contiene detalles sobre la vida íntima de los judíos ortodoxos que muy pocos, fuera de ese gremio, conocen. Los realizadores contaron con la asesoría de un experto que también perteneció a ese grupo. Está hablada en dos idiomas (inglés y yiddish) y su elenco incluye actores de diversos orígenes étnicos, la mayoría israelíes de ascendencia judía. En estos momentos, empieza a ser una de las más populares en Netflix.

Cuando terminé de verla, me quedé con deseos de saber más sobre la vida de los judíos. Por supuesto, nada relacionado con los nazis, la Segunda Guerra Mundial, ni otros conflictos semejantes, que para tragedias ya tengo suficientes con estos días de coronavirus. Como siempre, Internet me ayudó.

Tropecé con un artículo de alguien que había pertenecido a la misma comunidad y explicaba por qué no le había gustado Unorthodox. Entre otras razones, mencionaba que el retrato de ese grupo —del cual también se había marchado— le había parecido demasiado simplista y sin matices. No voy a extenderme en sus razones, porque no vienen al caso. Lo importante es que recomendaba, para quienes quisieran conocer el auténtico mundo familiar de los judíos ortodoxos, una serie filmada enteramente en Israel que, de inmediato, se ha convertido en uno de mis grandes hallazgos desde que estoy suscrita a Netflix, hace más de quince años. Se trata de un material absolutamente adictivo.

Shtisel cuenta con dos temporadas (24 capítulos) que transcurren en un barrio religioso de Jerusalén. Gira en torno al clan del mismo apellido, especialmente del patriarca y rabino Shulem Shtisel (interpretado por el veterano actor israelí Dov Glickman), y de su hijo Akiva, un joven que, aunque respetuoso de las costumbres de su comunidad, sueña con ser pintor, algo que no está muy bien visto por algunos de ellos.

Shulem Shtisel, interpretado por el actor israelí Dov Glickman.

Lo interesante es que, aunque los personajes se avienen a las estrictas normas religiosas, algunos de ellos a veces las violan o son atraídos por un estilo de vida que suele desembocar en un caos familiar. Y es precisamente eso lo que los convierte en caracteres tan humanos y complejos.

La historia se inicia con un ritmo que podría parecer algo reposado, pero su trama contiene una intensidad dramática que va en aumento y muchas veces llega al borde del estallido. Aquí no se hablará de política, de feminismo o de igualdad social. Y quizás es eso lo que la hace tan conmovedoramente distinta porque, aunque estos personajes llevan sus vidas sin acudir a ideas a las que estamos tan acostumbrados, hay en ellos suficientes muestras de bondad, empatía, ternura, sensibilidad, candidez, valentía e incluso terquedad, como para que podamos identificarnos y entender sus puntos de vista, incluso sin estar de acuerdo con ellos, lo cual es —al menos para mí— la quintaesencia de toda historia bien contada.

La serie, escrita y dirigida por el realizador israelí Ori Elon, fue filmada enteramente en hebreo, con algunas escenas en yiddish. Como los doblajes siempre me han parecido un insulto a la inteligencia humana, me aseguré de seleccionar su idioma original y coloqué subtítulos en español. Así la vi y así les recomiendo que la vean. No hay nada como escuchar las voces reales y los acentos auténticos de esos actores. Todo lo demás es una impostura que altera el espíritu del drama.

Por último, debo destacar las actuaciones, da igual si se trata de un niño de cinco años que de una anciana octogenaria. Van a enamorarse de más de uno: desde la abuela Malka (actuada en la primera temporada por Hanna Rieber, y en la segunda, tras fallecer la primera, por la no menos estupenda Lea Koenig), hasta la adolescente Ruchami, una de las nietas del patriarca, muy bien caracterizada por Shira Hass, la misma protagonista de Unorthodox. Pero el que se lleva las palmas es el soñador Akiva, interpretado por el actor israelí Michael Aloni, que posee uno de los rostros masculinos más expresivos y tiernos que he visto jamás en pantalla.

Ruchami Weiss, interpretada por la actriz israelí Shira Hass.

Independientemente de sus méritos artísticos, y más allá de ofrecernos una ventana abierta a un mundo fascinante por lo desconocido, es una historia que les recomiendo como terapia para estos días tan cargados de soledad y angustia. Los problemas de sus personajes nos llevan de regreso a la simplicidad de lo cotidiano. Nos recuerdan lo importante que resulta la compañía del prójimo, el equilibro emocional que brindan los rituales y las tradiciones —sean o no religiosos— y la paz interior que trae la expresión artística. Sea cual sea el camino —secular, espiritual, laico o religioso—, Shtisel vuelve a ponernos en contacto con un modo de vida que hemos olvidado.

5 comentarios

Archivado bajo Cultura, Religión, Reseña, Televisión

5 Respuestas a “Shtisel: la joya oculta de Netflix

  1. Eduardo Quincoso

    Ya la he visto completa. Muy buena. Y sanadora, en estos tiempos tan colmados de miserias del cuerpo, la sociedad y el alma. Es de una humanidad evidentísima. Y la recomiendo por su mirada hacia un mundo que hasta ahora nos ha sido ajeno a todos nosotros en occidente. Siempre envueltos en la desinformación y la manipulación mediáticas. Gracias !

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  2. Víctor Évora

    Buena reseña, Daina. Desde niño siempre me ha interesado todas las temáticas en torno al judaísmo y su cultura es bien cierto que sigue siendo desconocida para millones.
    Me encantaría poder ver la serie.
    No sabía de su existencia, y aunque coincido con tu punto de vista sobre la manera en que abordan el tema en la misma, lo cual es positivo, es real que las comunidades ortodoxas que radican en New York no han tenido la tolerancia precisamente como una de sus prioridades, siquiera como una posibilidad, en muchos casos, lamentablemente.
    Pero tampoco es el gran tema….
    Siempre he dicho: no me toleren, respetenme.
    Creo que el gran logro de los seres humanos, o al menos un reto, sería llegar a respetarnos desde la diversidad de cada cual.
    Qué importa lo que creas, opines o como vivas….si existe respeto entre todos y cada uno de nosotros no habría tanto abuso, tanto desprecio por la vida, por el otro, veríamos menos cultura del despojo, de la muerte…
    Y lo que hoy es prácticamente una mala palabra, podría sanarnos la vida mañana.
    Esa ” mala palabra” se llama respeto….hay más para hacer una lista: perdón, comprensión….pero quise centrarme en el respeto.
    Si respeto a mi prójimo, difícilmente haré algún daño contra él o ella.
    Si respetamos, la paz podrá ser un paisaje real como respirar, más q una idea subexpuesta.
    Ah! De lo que opinas sobre los doblajes: ya somos dos. Me apuntas….
    Un saludo, desde Santa Clara, Cuba.

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  3. Orlando Salgado Bermudez

    Me encanto la serie y tu comentario. Gracias.

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  4. Jose Hdez

    Hola. Vi Unorthodox y me gustó mucho. Estoy dudando si empezar a ver Shtisel porque no quiero engancharme a series largas pero me has convencido. Gracias

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  5. Irene Martinez Garelli

    Estimada Daína: buscando mas info de la serie me tope con tu blog, tan exactas me resultaron tus apreciaciones que no pude evitar dejar mi comentario, muchas veces me resulta tan sorprendente que distintas personas de distintas nacionalidades, distintas idiosincrasias, culturas, etc tengan una sensibilidad de apreciación tan similar ante un mismo acontecimiento, aunque se trate de apreciar un cuadro, escuchar una melodía, etc. Por eso confirmo que en esencia los seres humanos somos idénticos, nada de razas religiones, etc, sentimos, nos emocionamos desde el mismo lugar, la sensibilidad, para apreciar lo que sea debe ser una especie de chip que a todos nos funciona del mismo modo, solo con conectar, aunque sea con una ficción, al ver las mismas vivencias reflejadas en el idioma, comunidad que sea a todos nos mueve “algo”.
    Shtisel me esta resultando de esas series (formato parecido a los clásicos culebrones o novelas de la tarde) que no quiero que termine y que me genera curiosidad saber mas sobre cada uno de los personajes que en ella aparecen. Comencé a ver la 2da temporada (me acabo de enterar por tu blog que no hay una tercera………) Al igual que en tu caso me genero curiosidad luego de ver Poco Ortodoxa.
    No me extiendo mas, gracias por tu Posteo.
    PD: Mi hijo es actor de doblaje (igual ahora que no me escucha, yo tambien la prefiero en su idioma original, hasta en eso es un acierto Shtisel….
    Saludos desde Argentina, una uruguaya avida de conocer desde siempre sobre distintas culturas. Un abrazo.
    Ultimaaaaa: Te recomiendo si aun no la viste “EL NIÑO QUE DOMO EL VIENTO”

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