Bibliotecas vs. McDonald’s: Aún hay esperanza (sobre el terrorismo psicológico de las noticias)

¿Alguna vez se han sentido tan descorazonados y abrumados ante tantas noticias deprimentes que han decidido no entrar más a la mayoría de las redes sociales o dejaron de leer sus periódicos habituales? Welcome to my club.

Es una reacción natural, propulsada por la abrumadora presencia de noticias falsas, agresiones verbales e imágenes de violencia que atacan constantemente al usuario. Por si fuera poco, muchos portales interactivos de prensa admiten comentarios, casi siempre anónimos, que permiten opinar, agredir o difundir bulos malintencionados a individuos cuyas opiniones, en otra época, jamás hubieran salido de su ámbito familiar. Muy pocos exigen que el usuario se registre con sus cuentas de Facebook o Twitter, que revelarían verdaderamente su identidad. Y tal anonimato es una invitación a estos comportamientos antisociales.

La proliferación de tanta basura digital ha ido creando la impresión –cada vez más extendida– de que la sociedad retrocede en términos de inteligencia, buenas maneras y sentido común. La ausencia de un periodismo crítico y sensato ha reafirmado la percepción de que vamos de mal en peor.

Por otro lado, la prensa se ha convertido en un catálogo de desgracias (colectivas e individuales). El morbo, la chismografía rosa, el culto a la banalidad y la abundancia de noticias escabrosas, en menoscabo de otras alentadoras, positivas o simplemente informativas sobre avances científicos, educativos y tecnológicos, pueden sumir a la gente en una depresión rampante de la que quizás muchos no son conscientes.

Constantemente escucho quejas de amigos y conocidos que dicen “No veo noticias, no leo periódicos… Me deprimen”. Conozco a unos cuantos que han dejado realmente de hacerlo y esta es una tendencia cada vez mayor. Me incluyo en el grupo de quienes han dejado de leer, desde hace tiempo, los periódicos que abría cada mañana desde mi iPad. Decidí dejar esa tortura sin sentido. Ahora solo leo 2 ó 3 tres secciones culturales, y 5 portales de “Buenas Noticias”.

Mi propia actividad selectiva parece haber creado un algoritmo en mi cuenta de Facebook que rara vez me muestra cosas que no quiero ver. Sabiendo lo que leo, ahora me llegan más noticias e hilos temáticos interesantes. Una de ellas fue un letrero que alguien compartió hace poco, donde se decía que había más bibliotecas que McDonald’s en Estados Unidos. No me lo creí. Pero en vez de negarlo a priori, hice lo que toda persona razonable debe hacer en estos casos. Fui a investigar.

Encontré las estadísticas en el portal oficial de la American Library Association (Asociación Americana de Bibliotecas), donde aparecen las cifras pormenorizadas y actualizadas del número de bibliotecas existentes en este país:

  • Bibliotecas públicas: 9.057
  • Bibliotecas académicas (universitarias): 3.094
  • Bibliotecas en escuelas: 98.460 (Escuelas públicas: 81.200, escuelas privadas: 17.100, y escuelas atendidas por la Oficina de Asuntos Indígenas: 160)
  • Bibliotecas especiales: 5.150 (especializadas en diversas ramas: médicas, jurídicas, legales, corporativas, etc).
  • Bibliotecas pertenecientes a las fuerzas armadas (academias militares, etc): 239
  • Bibliotecas gubernamentales: 867

Todo ello arroja un total de 116.867 bibliotecas en el territorio estadounidense.

¿Y el número de McDonald’s? Aunque no lo crean: 14.027. Esto significa que hay 8 veces más bibliotecas que sucursales del supuestamente onmipresente McDonald’s. Juro que lancé fuegos artificiales dentro de mi cabeza.

Por otro lado, las cifras de años recientes indican que el número de bibliotecas ha crecido. Por ejemplo, entre 2013 y 2017 se abrieron 856 bibliotecas académicas. En el mismo período de tiempo, el número de McDonald’s disminuyó en 312 sucursales.

Así, pues, esta estadística muestra un entorno mucho más optimista del que esperaba, porque lo cierto es que la realidad se ha tergiversado de un modo tan pernicioso que ha dañado nuestra manera de percibirla.

Imagino que debe de haber otros ejemplos semejantes, pero ahora entiendo que mi incredulidad inicial fue consecuencia de tantas noticias macabras que enfrentamos a diario y que contribuyen a la idea (nada saludable para la psiquis) de que el mundo anda peor de lo que realmente está.

A veces desearía que alguien decidiera poner coto a la difusión indiscriminada de tanta desgracia. No es que proponga abolir las malas noticias. De sobra sé que no carecemos de desgracias e injusticias en el mundo. Pero también pienso que debería existir un balance a la hora de reflejar lo que realmente ocurre en el mundo, porque tanto la banalidad como el morbo excesivo nos quitan la lucidez necesaria para percibir o llegar a la verdad.

Repito: no se trata de censurar o de coartar la libertad de prensa, sino de informar sobre todo. Pero cuando digo todo significa TODO, porque tal y como estamos ahora parecería que la censura se ejerce contra el optimismo.

Quizás empezaríamos a ser una sociedad más equilibrada y menos neurótica si los noticieros y las redes sopesaran lo que sacan a la luz. Tal vez la gente empezaría a copiar con mayor frecuencia ciertos comportamientos, por simple reflejo de imitación, el mismo que lleva a ciertos individuos desequilibrados a reproducir los crímenes en los que se regodean los medios.

Ya se sabe que los seres humanos –al igual que sus parientes genéticos más cercanos– muestran una marcada tendencia a imitar lo que ven. ¿Qué ocurriría a nivel global si el peso de las noticias cambiara de menos negativas a más positivas? ¿No podríamos encontrar un equilibrio noticioso que protegiera nuestra cordura emocional y, al mismo tiempo, nos mantuviera informados, sin abrumarnos ni enloquecernos?

No tengo la respuesta. Solo sé que después de comprobar que hay más bibliotecas que sucursales de comida chatarra en el país donde vivo, me siento con el ánimo más ligero.

Y para mantenerme así, seguiré alejada del terrorismo psicológico de las noticias.

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Réquiem por Ursula K. Le Guin (1929-2018)

Ha muerto Ursula K. Le Guin, la inigualable Maestra entre Maestros, la creadora que nos hizo soñar a jóvenes y adultos con planetas oceánicos poblados de islas que viajaban a la deriva, en esa saga maravillosa que fueron las novelas de Earthsea (Terramar, en su versión al español): Un mago de Terramar, Las tumbas de Atuán, La orilla más lejana, Tehanu, En el otro viento; la visionaria que nos legó uno de los grandes clásicos transgresores sobre la sexualidad, en La mano izquierda de la oscuridad; que alzó su voz contra la xenofobia en El nombre del mundo es bosque; que nos mostró facetas distópicas nuevas, que aún obligan a la reflexión, en Los desposeídos; que rompió barreras y lanzas en la ciencia ficción y la fantasía durante una época en que ambos géneros aún se hallaban dominados por los hombres.

Fue la inspiradora de decenas de escritores y escritoras de mi generación. Muchos de quienes escribimos estos géneros la convertimos en nuestra musa y guía, en el referente más alto al que aspirábamos a llegar, aún sabiendo que eso no ocurriría.

Y no obstante, haberla leído nos obligó a apostar por los desafíos más extremos, porque después de leer sus historias y de conocer a sus personajes, todo lo demás parecía banal si no nos lanzábamos al abismo.

Ha muerto la mejor escritora de ciencia ficción que conoció el siglo XX, a quien la Biblioteca del Congreso en Estados Unidos otorgara el título de Leyenda Viva en 2000, por su contribución al legado cultural del país.

Y para quienes ya estábamos acostumbrados a formar parte del mundo en que ella vivía, que la amábamos desde que leímos su primer libro, será difícil acostumbrarnos a la idea de que no sigue viva y escribiendo en su hogar de Portland, Oregon. Con su desaparición física se va un pedazo de nuestra vida. Ahora solo nos queda rendir el mejor de los homenajes a una escritora inigualable: volver a visitar esos mundos que nos ha dejado como herencia.

Gracias por los caminos abiertos, por los sueños, por la luz.

Buen viaje hacia la eternidad.

Mapa del planeta Terramar (Earthsea)

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Mis lecturas preferidas del año 2017

Como cada año, aquí les dejo mi listado de lecturas que, por una u otra razón, me sedujeron, me conmovieron o me impresionaron más. Debo decir que tuve que seleccionar con cuidado, porque he leído unos cuantos libros interesantes este año, aunque son muchos más los que aún esperan por mí en mi iPad o en mi escritorio. En esta lista hay títulos que salieron al mercado este año o hace ya unos cuantos. Aquí aparecen sin orden de publicación o de preferencia.

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“Autorretrato de un macho disidente”: la otra cara del feminismo

Imagen: Cortesía de Juan Carlos Cuba Marchán

Acabo de leer un libro sorprendente: Autorretrato de un macho disidente (Ediciones Huso, 2017), del ensayista, profesor y catedrático español Octavio Salazar Benítez. Confieso que ni siquiera su irreverente título me preparó para lo que contenía.

Estructurado en breves capítulos, a partir de anécdotas y vivencias, su autor medita sobre lo que ha significado su ruptura paulatina con los moldes sociales preestablecidos, contra los cuales había estado lidiando desde su infancia, incluso antes de tener conciencia de ello.

El resultado es una especie de autobiografía afectiva donde, tras varios años de matrimonio convencional y un hijo, intenta explicarnos por qué no quiere continuar con esa vida en la que se siente restringido y enjaulado dentro del estrecho papel de lo que significa ser “macho” en una sociedad ahogada por tabúes.

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“Destiny”, del disco Simple Things (Zero 7), subtitulada por mí

A veces, cuando quiero descansar o despejarme un poco, cambio de actividad y me pongo a hacer otras cosas, por ejemplo, traducir la letra de una canción y subtitularla. Esto fue lo que hice hace unos días, después de regresar de una gira por España.

Aunque disfruté como nunca de tantas presentaciones, encuentros y entrevistas, me tomé dos o tres días después de mi llegada para “tontear” un poco mientras pasaba una gripe que pesqué a última hora, y realizar este subtitulaje. Hacía tiempo que deseaba hacerlo porque sé que muchas personas no pueden disfrutar de ciertas letras realmente hermosas.

“Destiny” fue grabada por el grupo Zero 7, donde comenzó a cantar Sia antes de ser famosa. Ahora la cantante ha tomado otros derroteros más comerciales y ya no me gusta lo que hace, pero aquel tema del disco Simple Things es uno de mis favoritos. Tanto la melodía como la letra me parecen fabulosas y absolutamente desgarradoras en medio de esa belleza nostálgica que a veces provoca la lejanía. Espero que lo disfruten.

 

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La ciencia ficción está de luto: ha muerto Brian W. Aldiss

El escritor inglés Brian W. Aldiss, uno de los grandes clásicos del género, murió este sábado 19 de agosto de 2017, un día después de cumplir 92 años.

Aldiss recibió numerosos premios y reconocimientos. Era miembro de la Royal Society of Literature desde 1990. Había sido nombrado Gran Maestro de la Ciencia Ficción por la asociación Science Fiction Writers of America y pasó a formar parte del Salón de la Fama de la Ciencia Ficción y la Fantasía en 2004. También recibió el título de Oficial de la Orden del Imperio Británico, otorgado por la reina Isabel II por sus logros en el terreno literario. Y durante casi 20 años fue el “Invitado Especial Permanente” de cada ICFA (International Conference for the Fantastic in the Arts), el mayor congreso académico del mundo dedicado a la fantasía y a la ciencia ficción.

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Encuentros cercanos con Starfleet en Puerto Rico

Logo de Starfleet, Asociación Internacional de Fans de Star Trek.

Fandom es un término en inglés, sin traducción al español, que define al conjunto de personas que siguen con pasión ciertas franquicias de libros, filmes, series televisivas o tendencias dentro de la ciencia ficción.

En este universo del fandom, un grupo en particular se destaca por su fidelidad, dimensiones y congresos que organizan: los trekkies o trekkers, admiradores de la franquicia Star Trek, considerada la serie de televisión más influyente en la historia de la ciencia ficción.

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Buscando vida inteligente

Llegué de viaje y tengo muchísimo trabajo —debo terminar de revisar una novela y continuar otra—, pero no quiero que pase el tiempo sin hacer un recuento (para quienes me han preguntado) sobre qué se discutió y de qué hablamos los escritores, fans y científicos que nos reunimos del 6 al 9 de julio, en San Juan (Puerto Rico), durante la 12a NASFIC (Convención de Ciencia Ficción Norteamericana) o NorthAmeriCon, donde participé en varios paneles, como invitada de honor al evento, y en otros como simple espectadora.

En comparación con los simposios literarios tradicionales, las convenciones de ciencia ficción suelen ser más informales, pero yo diría que más intensas, porque uno puede tropezar a cada paso con científicos brillantes o especialistas en tecnologías de vanguardia (sí, esas que parecen ciencia ficción incluso para un escritor de ciencia ficción) que discuten sobre temas de bioingeniería, mecánica cuántica o especies alienígenas.

En términos personales, la atmósfera general que experimenté en esa convención fue absolutamente curativa. En un lugar así uno se reconcilia con la inteligencia humana, la armonía universal y el éxtasis que significa intercambiar ideas en un ambiente de libertad imaginativa que me gustaría vivir de manera cotidiana y permanente. Decir que una inmersión en ese oasis científico-literario ha sido como viajar a una de esas utopías como las que siempre soñé, sería insuficiente para describir el estado de brainstorming incesante que se respiraba a cada paso. Trataré de explicar por qué.

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