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Programa de la Feria Internacional del Libro Miami 2014

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Acaba de salir el Programa de la Feria Internacional del Libro que se celebrará en Miami del 16 al 23 de noviembre. El folleto incluye las presentaciones de los autores anglosajones e iberoamericanos, que participarán en una gran cantidad de actividades.

Este año la Feria del Libro de Miami incorpora nuevos eventos, como el Seminario sobre literatura infantil y fomento de la lectura, con un panel de lujo, el sábado 22 de noviembre, de 1:30 pm a 5:30 pm (pág. 59 del programa); las conferencias y paneles del sábado 22 de noviembre, en el salón 6100, con  temas transgresores sobre la literatura juvenil e infantil, como Realidad y fantasía en la literatura, Libros perturbadores: una categoría a la sombra y Escribir para niños: ¿cómo, sobre qué, para qué? (pág. 57); el Primer Encuentro Iberoamericano Literatura y Medios Digitales (pág. 59); y el Coloquio Miami 2014: Idioma Español y Ferias del Libro, con representantes de las principales ferias del libro de Iberoamérica (pag, 59).

Personalmente estaré participando en dos actividades, ambas el domingo 23 de noviembre:

Geografías fantásticas
Presentación de mi novela para jóvenes y adultos Un hada en el umbral de la Tierra, junto con la escritora mexicana Verónica Murguía, que presentará su novela Loba.
Lugar: Salón 3209 (edif. 3, segundo piso)
Hora: 3:15 pm

De viva voz
Despedida de la feria, con lecturas de textos breves por autores participantes
Lugar: Salón 3314 (edif. 3, tercer piso)
Hora: 5:30 pm

Para ver el programa completo entre aquí.

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Premios de la Fundación Cuatrogatos 2014

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Una de las sesiones del jurado (Cortesía de la Fundación Cuatrogatos)

Ya se dieron a conocer los premios de la Fundación Cuatrogatos, creada por los escritores Antonio Orlando Rodríguez y Sergio Andricaín con el fin de promover la lectura y divulgar la literatura infantil y juvenil en lengua española. Entre los eventos organizados por dicha entidad con sede en Miami, ya se han realizado algunos como la Fiesta de la Lectura, cuya primera edición fue un gran éxito de público.

Como parte de su gestión cultural, este 28 de enero (en el 160° aniversario del natalicio de José Martí) la institución anunció los ganadores del premio mencionado para los mejores libros para niños y jóvenes publicados en 2013. Un jurado compuesto por cinco miembros leyó y analizó centenares de obras publicadas en español para escoger a veinte ganadores y un listado adicional de finalistas.

sello_cuatrogatos2013Dejando a un lado intereses comerciales y editoriales para concentrarse en la calidad de cada obra, el jurado tuvo en cuenta múltiples valores –estilo literario, originalidad de la trama, calidad y aportes de las ilustraciones al texto– para culminar en una muestra muy heterogénea que refleja lo mejor de la actual literatura para niños y jóvenes.

Más allá de reconocer los parámetros de calidad artística de las obras premiadas, este premio también cumplirá una función social, tanto para lectores como para padres y maestros que buscan una guía que los ayude a encontrar esas joyas literarias que a veces se pierden en la actual explosión de publicaciones.

Les aclaro que los libros para jóvenes seleccionados funcionarían perfectamente como una lectura completamente placentera y satisfactoria para adultos. Varios de estos títulos coinciden con los que seleccioné a título personal dentro de la Ficción para jóvenes en Mis lecturas preferidas del año 2013.

A continuación les dejo un documento ilustrado (cortesía de la Fundación Cuatrogatos y de la corporación 3Mindware, Inc) donde se reseñan los resultados. Tengan en cuenta que las clasificaciones recomendables para adultos se encuentran acompañados por las frases Para los que se volvieron grandes lectores y Para los que se atreven con libros largos.

Aquí los Premios de la Fundación Cuatrogatos 2014.

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Fundación Cuatrogatos: en aras de la lectura

cuatrogatos_logoQuienes abogamos por una sociedad de lectores educados, estamos de plácemes con el anuncio de que la Fundación Cuatrogatos, con sede en Miami, ha iniciado oficialmente sus actividades. Esta organización sin fines de lucro, que contaba con un portal en activo desde hacía 13 años, se ha establecido finalmente como una institución de carácter continental con el fin de desarrollar proyectos que promuevan la lectura en español, haciendo especial énfasis en niños y jóvenes, con actividades que van desde encuentros en centros escolares hasta lanzamientos de libros, presentación de autores y participación en simposios internacionales, entre otros eventos. Sus fundadores, los escritores Antonio Orlando Rodríguez y Sergio Andricaín, poseen –además de su propia obra personal– una vasta experiencia en el campo de la crítica y la selección de textos apropiados para diversas edades.

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Literatura y misticismo en los Juegos Olímpicos

J.K. Rowling

La inauguración de los Juegos Olímpicos 2012 ha superado mis expectativas. Aunque algunos han dicho que la ceremonia de Beijing fue mejor, me pregunto si entendieron realmente lo que mostraron los ingleses.

Para empezar, es la primera vez que se rinde tributo a la literatura en uno de estos eventos. Con el título Isles of Wonder (Islas de Maravillas), dirigido por Danny Boyle ―el director británico que ganó el Premio Oscar por la película Slumdog Millionaire―, los anfitriones desplegaron un espectáculo repleto de personajes literarios y de textos que han deleitado a generaciones. Fue un homenaje a muchos de sus clásicos, comenzando por una cita de William Shakespeare, declamada por el actor Kenneth Branagh, hasta un fragmento de Peter Pan, leído por J.K. Rowling, la creadora de Harry Potter, quien recibió una ovación cerrada apenas fue reconocida por miles de espectadores y cuya inesperada aparición provocó lágrimas en algunos, incluyendo a esta servidora.

Fue fascinante la escena dedicada a los niños, que desarrolló una oscura fantasía –propia de las pesadillas infantiles– donde aparecieron personajes malvados de la literatura como la Reina de Corazones y el Capitán Garfio, culminando con una deliciosa lluvia final de Mary Poppins para combatir a los monstruos de la oscuridad, entre ellos, el icónico Lord Voldemort.

Boyle también recreó la historia de las islas británicas, desde la Inglaterra pre-industrial hasta nuestros días, con suficientes alusiones a la prehistoria pagana y símbolos esotéricos que tal vez no muchos reconocieron.

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Serie Grimm: la fantasía como metáfora

No acostumbro a ver muchas series de televisión, pero de vez en cuando descubro algunas joyas. La más reciente de ellas es Grimm, cuya primera temporada acaba de concluir en Estados Unidos. Inspirada muy libremente en los cuentos de los hermanos Grimm, sus guiones usan elementos de los conocidos relatos para crear tramas sorprendentes.

Quienes han leído los cuentos de hadas clásicos (Perrault, Andersen, Grimm) en sus versiones originales, saben que estos tienen poco que ver con las edulcoradas ediciones que suelen contarse a los niños. La mayoría de esos relatos son verdaderas historias de terror, que uno creería más apropiadas para adultos. La serie Grimm respeta el espíritu y la atmósfera de los originales, aunque adaptados a la época actual.

Serie Grimm: Donde los sospechosos son realmente inusuales

Su premisa es la siguiente: un joven investigador y su colega se ven implicados en casos criminales, cuyo desarrollo y desenlaces son muy poco convencionales –como si dijéramos, una especie de Expedientes X del género policiaco. El joven investigador, quien es descendiente directo de los famosos Grimm, descubre que posee una cualidad muy especial, común a los miembros de esa familia, que será una ventaja a la hora de resolver los casos y una maldición para su vida personal.

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En busca de la infancia perdida

hada en librosUna de las cosas que más extraño de mi niñez es esa sensación de deslumbramiento constante que encontraba en los libros. Ya fuera poesía o narrativa, historia o biografía, esas lecturas han marcado quien soy e incluso lo que escribo. Cómo el hombre se hizo gigante, de M. Ilin y E. Segal, podría ser una de las razones que me llevaron a convertir The Origin of Consciousness in the Breakdown of the Bicameral Mind, de Julian Jaynes, en uno de mis libros de cabecera sobre la evolución del cerebro humano y su vínculo con la espiritualidad antigua.

Mi primer libro sobre teoría de la relatividad.

Lecturas como Astronomía Recreativa y Física Recreativa, de Y. I. Perelman, y En el País de las Maravillas, de G. Gamow (que no era precisamente para niños, sino un libro de divulgación científica sobre la teoría de la relatividad que leí decenas de veces porque se me antojaba casi un cuento de hadas), también pudieron ser la causa de que hoy tenga un estante repleto con tomos sobre física cuántica y astrofísica que van desde el paradigmático A Brief History of Time, de Stephen W. Hawking, pasando por In Search of Schrödinger’s Cat, de John Gribbin, y llegando al polémico The Holographic Universe, de Michael Talbot.

Comparto con algunos amigos esa añoranza por los libros que, siendo o no catalogados para niños, nos abrieron tempranamente las puertas a todo un panorama humano y científico, con tintes de magia, al menos para nuestra mirada infantil, deslumbrada ante un universo que empezábamos a descubrir.

Aunque los niños y los jóvenes de hoy siguen leyendo, no estoy muy segura ―a juzgar por lo que veo en las librerías y en Internet― que estén nutriéndose de los autores que más contribuirían a su vocabulario o sus conocimientos. Espero sinceramente estar equivocada. Ojalá muchos lean aún a Alejandro Dumas, Julio Verne, Lewis Carroll, Arthur Conan Doyle, Daniel Defoe, Jack London, Edgar A. Poe, Antoine de Saint-Exupery, Walter Scott, Mark Twain, H.G. Wells, y tantos otros escritores, que nunca cesaron de hechizar a los jóvenes de otras épocas.

Portada de la edición cubana (Editora Juvenil, 1966)

Y en esta lista también incluyo a divulgadores científicos como los ya mencionados, a los que poco o ningún crédito se les da en la formación y desarrollo del intelecto infantil. ¿Quién ha podido olvidar, después de leerlo, un libro como Cazadores de microbios, de Paul de Kruif? ¿O Un paseo por la casa, de M. Ilin, donde uno de enteraba desde las costumbres en la mesa durante la Edad Media hasta la historia secreta, con visos de espionaje, sobre la fabricación del espejo? Debería imponerse la moda de rendir tributo a esos científicos e historiadores que han logrado poner al alcance de los niños todo ese acervo cultural que resulta tan difícil de explicar a los adultos que no tuvieron la suerte de contar con padres o guías que los iniciaran en esas lecturas.

No es de extrañar que mi niñez pasara como un soplo. El tiempo se me iba con la cabeza metida en los libros, soñando con épocas y mundos lejanos, e imaginando qué y cómo pensarían sus personajes. Y a pesar del tiempo transcurrido, no he olvidado a todos esos autores e historias. Recuerdo, por ejemplo, los veinte tomos de la enciclopedia El Tesoro de la Juventud que fui leyendo poco a poco, cada vez que mi padre me llevaba de visita a casa de un tío suyo, quien conservaba aquella edición encuadernada en cuero, de principios de siglo, en el estante inferior de un librero.

Tomo 12 (El Tesoro de la Juventud)

Acostada en el suelo, con las manos apoyadas en la barbilla, iba enterándome de las maravillas de la ciencia y la tecnología que, aunque atrasadas ya para mi época, me cautivaban de igual manera. Pero más que todo me apasionaban los cuentos de hadas, maravillosamente ilustrados con dibujos en sepia al estilo victoriano, que poseían un aire de misterio aún mayor que otras imágenes modernas. Creo que si ahora mismo me dieran la noticia de que esos tomos iban a ser publicados en versión digital, correría a comprarme un tablero de lectura, aunque ya saben los lectores que no soy precisamente fanática de ese soporte.

No he podido evitar que, de un tiempo a esta parte, toda esa nostalgia me haya llevado a reencontrarme con los clásicos de épocas pasadas, incluyendo los que conocí en mi adolescencia. Hace unos meses volví a leer Crimen y castigo, de F. Dostoyevski, que salvo unas pocas descripciones que hoy me parecen prescindibles, disfruté de nuevo. También he repasado varias obras de Shakespeare y algunos clásicos de la ciencia ficción (Ray Bradbury, Isaac Asímov, Theodore Sturgeon, Ursula K. LeGuin) que no había leído en años.

La semana pasada leí por primera vez Naná, la única novela de Emile Zola, que se me pasó entre todas las obras de este autor que se publicaron en Cuba… de lo que me alegro, porque he podido regalarme una lectura inédita y mil veces más placentera que la que me han proporcionado unos cuantos best-sellers modernos. He saboreado esas descripciones de ambientes, dibujadas con un vocabulario coloridamente decimonono, de voluptuosidad opulenta y casi rubensiana. Ha sido una delicia recuperar giros y vocablos (que hoy se han esfumado del español), gracias a una excelente traducción, como las que abundaban en los años 30, 40 y 50 del siglo pasado, que contrasta con las penosas traducciones que se realizan en la actualidad, donde el vocabulario de traductores y editores ―salvo excepciones― compite con la pobreza del habla contemporánea.

Podría parecer extraño que haya mencionado ciertos títulos y autores en una reflexión sobre las lecturas de la infancia, pero fueron precisamente los clásicos infantiles los que me llevaron luego a otros más complejos. Las lecturas de la niñez son tan definitivas como los primeros cinco años de nuestras vidas. Sin ellas, difícilmente llegaremos a disfrutar luego con aquellos libros que más tarde nos mostrarán las infinitas facetas de la cultura y la lengua.

Los clásicos permanecen, aguardando quizás por nuevos lectores que prefieran ignorar esas repetitivas y predecibles historias que hoy se exponen en tantas librerías, y quieran internarse en los antiguos volúmenes que relatan conmovedoras tragedias y tramas capaces de iluminar el espíritu más apagado.

La doncella de Orleans llevada prisionera por los ingleses
(imagen tomada de la enciclopedia El Tesoro de la Juventud)

Por mi parte, planeo seguir reencontrándome con los clásicos ―ya tengo en fila algunos tomos de Benito Pérez Galdós―, no solo para recordar otros ambientes y modos de ver la vida, sino también para recorrer nuevamente regiones casi olvidadas de nuestro idioma, cada día más pobre y más necesitado de una antigua y heredada sabiduría.

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El gen literario de Tolkien y Dickens

El nieto del creador de «El señor de los anillos» y el tataranieto del autor de «Oliver Twist» colaborarán en un libro para niños.

J.R.R. Tolkien y Charles Dickens

Un nieto de J. R. R. Tolkien y un descendiente de Charles Dickens han anunciado su intención de colaborar en dos nuevos libros de literatura fantástica para niños.

Según recoge la edición digital de la BBC, el poeta Michael Tolkien, el mayor de los nietos del autor de «El Hobbit», escribirá dos novelas basadas en las historias que su abuelo solía leerle cuando era niño. Asimismo, Gerald Dickens, tataranieto de Dickens, se encargará de las narraciones de los audiolibros de Michael.

Las obras en las que se unirán los talentos literarios de Tolkien y Dickens verán la luz a finales de este año. Según la editorial Thames River Press, el primer libro, titulado «Wish», se inspira en «The Rose-Coloured Wish», historia escrita por Florence Bone en 1923. Narra la historia de dos niños que usan un hechizo para salvar su valle, pero terminan metiéndose en numeroso problemas.

Michael Tolkien escuchó la historia por primera vez entre 1940 y 1950, siendo niño, y años después se la contó a sus propios hijos. Según la BBC, el nieto de Tolkien decidió rendir homenaje a la historia «recreando el espíritu original en un nuevo envoltorio».

El segundo libro, que lleva por nombre «Rainbow», se basa en la novela «The Other Side of the Rainbowis», escrita en 1910.

Tomado de noticia publicada en ABC.

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La literatura infantil apenas sufre la crisis

“Unos son partidarios de El señor de los anillos y otros flipan con Harry Potter. Hobitts o aprendices de magos en Hogwarts gritan y corren como descosidos. Claro que enamorarse de un elfo puede mitigar la soledad en el patio. La imaginación es un arma invencible, tanto que puede convertir el recreo en algo soportable, mientras los demás juegan y comparten bocadillos en el patio del colegio…”

Así comienza el interesante artículo “Una tribu de letras”, publicado en el suplemento Babelia, del periódico El País, cuya lectura les recomendamos. Como reza el subtítulo: “Fantasía o realismo, pero con mucha acción. Los superexcitados niños del siglo XXI se decantan por novelas de iniciación entre las secuelas de Harry Potter o las cuestiones pegadas a la vida. La literatura juvenil apenas sufre la crisis”.

Algunos detalles interesantes del texto:

“Los besos con príncipes azules, las luchas contra dragones en un mundo mítico más unas dosis de intriga imprescindible, que en un momento dado les puede acercar a la novela negra, forman parte del imaginario literario de una buena parte de los lectores de entre 10 y 13 años.”

“Los buenos lectores devoran los libros, pero no creo que lleguen al 10%. Surgen también casos excepcionales de niños de primaria leyendo títulos como Rojo y negro o Caperucita en Manhattan.”

“En el otro lado, se ubica los que huyen de la lectura, casi un 40%. Estos últimos, aparentemente, se conforman con el ordenador y el cine, algo que acabará por pasarles factura. La ausencia de lectura revierte en la escritura y el lenguaje, que son los elementos que conforman el aprendizaje. Llegarán a la universidad sin saber construir frases, carecerán de vocabulario y no sabrán expresarse.”

Más en el enlace al artículo.

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