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Convocatoria a los lectores

GataEncerrada_Gata

Próximamente el sitio Web de Daína Chaviano contará con nuevas páginas. Entre ellas estará la Galería de Lectores, donde se incluirán las fotos que han enviado muchos de ustedes junto a ejemplares de sus libros. Si deseas participar, estos son los requisitos:

1- Envía una foto donde aparezca uno de los libros de la autora, publicados dentro o fuera de Cuba. Puede mostrarse abierto o cerrado, pero la portada deberá ser visible.

2-Aunque se prefieren aquellas imágenes donde aparezca el lector con el libro, no hay límites para la creatividad. El libro puede hallarse en un lugar poco común; acompañar al lector en algún viaje o excursión por agua, tierra o aire; aparecer en compañía de animales, disfraces o señales; estar junto a esculturas, comidas, adornos, artesanías u otros objetos inspirados o relacionados con la obra de la escritora; o cualquier otra situación fantástica, delirante o poética.

3-Deberá incluirse el nombre de quien envía la foto, su ciudad/país de residencia y el lugar donde se tomó.

4- No hay fecha límite para la recepción de fotos. Se seguirán recibiendo e incorporando a la Galería incluso cuando ya se haya inaugurado el nuevo portal.

Actualización: Los envíos se harán desde la página de la Galería. Entra aquí.

Avisa a tus amigos para que participen.

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Gata encerrada: edición en búlgaro

Gata encerrada_Затворена котка

Cubierta búlgara de Gata encerrada (Затворена котка). Para ampliar la imagen, haga clic sobre ella.

La editorial Ciela, que el año pasado publicara la versión búlgara de mi novela La isla de los amores infinitos (Островът на безкрайната любов), acaba de lanzar al mercado Gata encerrada (Затворена котка) con traducción de Ekaterina Bobeva. Como indica el logo con la llave dorada de la portada, es la segunda obra de mi serie novelística “La Habana oculta” que publica esta editorial a modo de colección. En estos momentos, Ciela prepara las ediciones búlgaras de otras dos obras del mismo ciclo: Casa de juegos y El hombre, la hembra y el hambre (Premio Azorín 1998). Gracias a los editores y a la traductora.

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Feliz Día Internacional del Libro

Felicidades a todos mis lectores y colegas escritores

Un libro es como un jardín que se lleva en el bolsillo (Proverbio árabe)

Les agradezco el apoyo, la amistad, los debates enriquecedores y, especialmente, el amor que todos muestran por los libros: esos átomos de cultura y espiritualidad con los que  intentamos ser mejores.

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¿Por qué no me gustan los e-books?

Uno de los mayores debates en estos tiempos ha sido la repentina revolución digital de nuestra cultura que ha irrumpido en un sector que se había mantenido casi estático desde hace cinco siglos. Con la excepción de algunas mejoras en el diseño, tipos de papel y tipografía de letras, el libro se había mantenido como una estructura básicamente igual desde los tiempos de Guttenberg, con tan escasas variaciones que se trata de un objeto fácilmente identificable, lo mismo si fue impreso en el siglo XV que en el XXI. Ahora, la revolución digital ha traído un concepto nuevo en el diseño y manipulación del libro: una pantalla del tamaño de una hoja de papel, capaz de almacenar en su interior una biblioteca completa: el e-book o e-reader.

Dicho así, de pronto, la idea resulta maravillosa. Es el sueño de cualquier lector obsesivo como yo. ¿Cuántas veces no tenemos que revisar nuestros libreros para deshacernos de los libros que leímos una vez y que ya no nos interesan, para dejar espacio a aquellos que atesoramos y de los cuales no queremos desprendernos? Almacenar miles de libros en un objeto que pesa unas onzas es algo que solo pudieron soñar los escritores de ciencia ficción.

El único problema del e-book es… que no es un libro. Al menos, como yo lo entiendo. Para empezar, uno no puede marcar, subrayar o comentar a gusto en los márgenes, usando lápices o plumas de colores. Por otro lado, cuesta mucho trabajo llegar a una página específica. Suelo tener una memoria eidética en lo que concierne a letras, y recuerdo muy bien por dónde estaba algo que leí y quiero repasar. Pero con el e-book, las páginas virtuales no funcionan igual que con un libro común. Se demoran mucho en pasar y no es posible manipularlo del mismo modo que un libro, en el que uno puede saltar de la página 300 a la 15 con apenas un leve gesto de los dedos. Con el e-book tampoco es posible tener varios libros abiertos a la vez mientras se hacen cotejos de datos para una investigación. Por cierto, hay estudios que demuestran que la nueva generación que se apoya demasiado en las búsquedas digitales, ya sea por Internet o usando e-books, está perdiendo conexiones neuronales que son necesarias para la memoria y la concentración.

Pero lo peor no es eso. No tengo dudas de que la mayoría de ustedes conservan libros que los han acompañado desde hace muchos años, posiblemente desde la infancia. Tal vez incluso tengan algunos que fueron de sus padres y de sus abuelos, como es mi caso. Varios de mis libros conservan la firma o las anotaciones al margen que hiciera mi madre, ya fallecida; otros muestran los apuntes que yo misma hice en ellos cuando era niña o adolescente… En mi biblioteca hay libros que tienen casi un siglo. ¿Alguien puede creer que, en este mundo donde cada año el mercado lanza nuevos equipos que obligan a desechar los viejos, alguien podrá conservar un e-book lleno de apuntes y marcas por más de cinco años? Lo dudo. Un e-book es un objeto efímero. Un libro es para siempre.

Un e-book es un objeto efímero. Un libro es para siempre

No sé si el libro de papel desaparecerá pronto o algún día. O si permanecerá como una opción diferente de lectura. No sé tampoco si alguna vez me decidiré a comprar un iPad, aunque sólo sea para cargar con varios libros durante un viaje. Pero espero morir teniendo, como ahora, una biblioteca donde pueda hallar cualquiera de mis libros, de una sola ojeada, sin tener que encender un equipo electrónico. Tal vez sean manías personales, pero mientras escribo me gusta tener cerca los libros que han pasado por las manos de mis padres, de mis abuelos y de la adolescente soñadora que fui en otra época. Es reconfortante tener frente a mí las historias que he aprendido a amar a lo largo de mi vida y que me recuerdan, con solo repasar los títulos y los nombres de sus autores, que estoy en la mejor compañía del mundo.

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Los fantásticos libros voladores de Mr. Morris Lessmore

Inspirado en El mago de Oz, el huracán Katrina, Buster Keaton y algo de Harry Potter, el corto animado de arte The Fantastic Flying Books of Mr. Morris Lessmore es una historia sobre las personas que aman los libros y dedican sus vidas a ellos. Es también una hermosa alegoría sobre el intercambio emocional y espiritual que existe entre los seres humanos y los libros, y cómo estos contribuyen a dar luz y color a nuestras vidas. Este corto de 15 minutos ha sido nominado en la categoría de Mejor Corto Animado para los próximos Premios Oscar. Ya ha obtenido los premios al Mejor Corto Animado en Cinequest Film Fest y el Premio del Público en Palm Springs International ShortFest. Espero que lo disfruten.

Actualización: Este animado acaba de obtener el Premio Oscar en la categoría de Mejor Corto Animado.


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Leyendo a Rosa Montero o el dulce masoquismo de la espera

ReyTransparenteNo es una de las escritoras que me haya influido ―la conocí demasiado tarde, después que salí de Cuba, cuando ya había publicado cinco libros―, pero desde que descubrí su prosa ardiente y precisa en ese clásico suyo de ciencia ficción que es Temblor, no he dejado de leerla con un fervor que no me avergüenza reconocer. Da igual que se trate de textos ensayísticos que de novelas, Rosa Montero es una de mis escritoras favoritas.

Sus dos últimas novelas ―que leí una detrás de la otra― no podían ser más disímiles: Historia del Rey Transparente, una dramática aventura medieval, y Lágrimas en la lluvia, un thriller futurista de ese género que, aunque sólo ha cultivado tres veces en su extensa narrativa, se le da tan bien: la ciencia ficción. Pocas veces he leído dos obras de un mismo autor que, siendo tan diferentes en su trama e intenciones, atrapen de manera tan absoluta.

En los últimos años he cogido la costumbre de demorarme leyendo los libros que me gustan mucho para que no se acaben tan rápido, porque siento que cada día escasean más los buenos libros. O al menos, los que me dejan satisfecha. Sin embargo, por mucho que intenté “ahorrar” esas dos novelas, que invitaban a ser saboreadas línea a línea, las páginas volaron bajo mis ojos sin que pudiera evitarlo.

Había guardado el ejemplar de Historia del Rey Transparente que la propia Rosa me regalara autografiado durante nuestro último encuentro en la Feria del Libro de Miami, hace ya un año. Casi siempre coincidimos en ferias o eventos literarios. A veces transcurren años entre uno y otro, pero cada vez que volvemos a vernos me da la impresión de que hace apenas unas horas que nos despedimos. Es como si retomáramos una conversación interrumpida en otra vida. Fue así desde nuestro primer almuerzo en Madrid… Esta vez, a la alegría del reencuentro, se sumó el regalo del libro y de su generosa dedicatoria. Rosa, con su infinita amabilidad de siempre, no permitió que yo lo comprara. Así, pues, me llevé ese tesoro a casa y comencé a leerlo de inmediato, pero no… Siguiendo mi perversa costumbre, lo dejé en un estante de la biblioteca para regodearme con la golosina que me esperaba. Lo miré semana tras semana, demorando el instante en que lo leería, saboreando la promesa de esa lectura con fruición casi masoquista, sin otra justificación que la de saber que ahora tenía un nuevo libro suyo que aún no había leído. Sólo me decidí a devorarlo cuando cayó en mis manos Lágrimas en la lluvia.

Pese a mis precauciones, leí la Historia del Rey Transparente sin poder detenerme, a ritmo de galope, como su inolvidable protagonista Leola, cabalgando entre nubes de polvo hacia una batalla. Terminé el libro como en un sueño, casi sin aliento. Y como atraída por la magia de algún fatídico anillo tolkiano, no pude evitar echarle una breve ojeada a la nueva novela, Lágrimas de lluvia, únicamente por curiosidad. Sólo quería saber cómo empezaba la historia, pues me había propuesto dejarla reposar varias semanas o meses hasta que volviera a sentir la necesidad de oxigenarme con una buena lectura. Craso error. No pude soltarla hasta el final.

Así, pues, me bebí ambas novelas en menos de lo que esperaba. Y heme aquí de nuevo, buscando desesperadamente otro libro que vuelva a dejarme esa sensación de eufórica exaltación. No quiero un texto pasable ni bueno, sino un libro mayúsculo, una historia cargada de potencia y enigmas, capaz de narrar la crueldad y las pérdidas con una belleza traslúcida; una novela que logre conectarme con lo más profundo de nuestra psiquis y nuestros deseos, mientras sus personajes se mueven por un pasado perdido o un futuro que quizás nunca llegue; un relato con alma y carne y delirio; un sueño vívido narrado con una prosa llameante y prístina, como esos que suele escribir Rosa Montero.

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