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Coronavirus: predicciones estadísticas

Durante los últimos días he monitoreado algunos centros de información médica para ver cómo se ha estado comportando la pandemia que nos ha tocado vivir. ¿Cuántos más se han contagiado? ¿Cuántos han muerto? ¿A qué países les va peor? ¿Hay alguna mejora? ¿Cómo están las cifras en la zona donde vivo? ¿Qué ocurre en otros sitios donde viven mis amigos y familiares?

Cansada de los bulos que siguen azotando las redes, ya no me asomo a ellas. Algunas tonterías me llegan en los mensajes que envían personas bien intencionadas que, por desgracia, no se toman el trabajo de verificar antes de compartir noticias falsas y supuestos testimonios de doctores que no son tales. Me molestan esos mensajes porque me hacen perder un tiempo precioso. Para buscar información, yo me muevo en otros círculos.

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10 mitos sobre el coronavirus

Hace apenas dos semanas publiqué un larguísimo artículo titulado «Noticias falsas: la verdadera pandemia global«. Me sentía harta y abrumada ante la cantidad de bulos que leía en las redes y, lo que es peor, me enviaban por mensajes privados en Facebook decenas de personas conocidas o no.

Ha sido uno de los artículos más leídos en este blog que ya tiene 8 años. El título aludía al virus que, en aquel momento, empezaba a ser una preocupación general. Ahora ha sido clasificado como pandemia, provocando una cuarentena global.

Las redes están inundadas de consejos e informaciones… la mayoría de ellos falsos. He visto videos y supuestas cartas y documentos oficiales que son absolutamente fabricados. El peligro de seguir tales recomendaciones es que muchas personas, escudadas tras una falsa seguridad, pueden creerse a salvo con esas medidas falsas, cuando en realidad no lo están. Y lo que es peor, pueden minimizar y dejar de prestar atención a las que sí las protegerían.

Lo mismo si escribo una novela que un artículo sobre arqueología, genética u otra rama de la ciencia, siempre busco fuentes confiables. Para este consulté varias opiniones de doctores y especialistas que explican los mitos más frecuentes relacionados con el COVID-19, la nueva cepa del coronavirus. A continuación les hago un resumen:

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Noticias falsas: la verdadera pandemia global

Es una epidemia. Y no se trata del coronavirus, sino de algo peor. La aprovechan los políticos, las campañas publicitarias, las personas a favor o en contra de cualquier causa (tierra plana, antivacunas, y otras idioteces parecidas). Sus portadores somos los ciudadanos del mundo industrializado que contamos con acceso libre a las redes, los de mayor poder económico en todos los continentes –aunque muchos se consideren pobres y explotados– porque transmitir el virus de la desinformación no está al alcance de ninguna tribu del Amazonas, ni de los aimaras o los uros que viven aislados en las alturas andinas, ni de los Masai que pastorean sus cabras en la estepa africana. Ninguno de ellos tiene acceso cotidiano a la tecnología para difundir bulos o noticias falsas.

Lo peor es que los ciudadanos más cultos y civilizados (y espero que capten la ironía) son sus transmisores voluntarios. Apretamos alegremente un dedo y, ¡pum!, ya está, compartimos el dato, el rumor, el chisme o el reporte que todos esperábamos o temíamos: «Lluvias torrenciales apagan los incendios en Australia». Y todos gritan de alegría y elevan loas al Señor. Sí, porque los individuos mejor intencionados son los primeros en compartir esa clase de información. No son los únicos, claro.

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Proyecto Venus: una propuesta ecosocial del siglo XXI.

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Siempre existen soñadores que no se dan por vencidos ni se amilanan ante las catástrofes que se empeñan en fabricar los seres humanos. Además, resulta cada vez más evidente que el homo sapiens no ha conseguido crear una sociedad realmente armoniosa, ni pacífica. A lo largo de su historia, nunca ha vivido en medio de una paz duradera y sin tensiones, no solo entre las diversas naciones y los individuos que las componen, sino entre la propia especie humana y el resto de las que pueblan el planeta. Unos pocos países (Islandia y Finlandia, por ejemplo) resultan quizás los más cercanos a la visión de una sociedad donde impera la prosperidad y el sentido común social y político, pero se trata de contadas excepciones que tampoco se libran absolutamente de todos los males que azotan al resto del mundo.

Por si esto fuera poco, hace ya unos doscientos años que los seres humanos, tras el comienzo de la Revolución Industrial, iniciaron una carrera de extracción mineral e ingestión de recursos que ha estado destrozando literalmente el planeta. Tanto es así que la comunidad cientifica ha propuesto una nueva clasificación para esta época: la Era Antropocena (del griego anthropos, «hombre», y kainos, «nuevo») para sustituir el término Holocenola época más reciente del período Cuaternario, iniciada hace unos 11.000 años, cuando el homo sapiens comenzó a reinar sobre el resto de las especies, ejerciendo un enorme impacto en el ecosistema planetario. La propuesta de rebautizar la actual era geológica tomando en cuenta la influencia humana en el medio ambiente muestra la preocupación de la comunidad científica ante los cambios que el hábitat humano ha infligido sobre su entorno natural.

El desarrollo del movimiento ecologista global en los últimos 50 años ha buscado soluciones y propuestas novedosas para la industria y la economía, en un intento por minimizar o revertir los daños humanos a la naturaleza. El incremento de la vida urbana sigue siendo quizás el más violento de tales daños, sobre todo porque los remedios llegan con más lentitud que los destrozos. Sin embargo, de vez en cuando aparecen ideas completamente innovadoras que contienen múltiples soluciones para anular el impacto de la vida urbana en el planeta.

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Amasia: el continente que se tragará al Mar Caribe

El ser humano, en su ilusa inmortalidad, suele pensar que su realidad es única e inamovible. A todos nos cuesta aceptar que el universo cambia, que nuestra civilización –y entiéndase por ello, el conjunto de naciones y grupos humanos que hoy habitan la Tierra– nunca desaparecerá. Incluso se habla de la Prehistoria, muchos creen que los dinosaurios vivieron en los mismos continentes que hoy conocemos. Muy pocos saben o aceptan que los territorios que hoy ocupamos desaparecerán algún día o se transformarán en otra cosa.

Y esto viene a colación después de un análisis realizado por científicos de la Universidad de Yale, quienes han determinado que América y Eurasia chocarán en las inmediaciones del Polo Norte dentro de unos 50 a 200 millones de años; y que las costas de África y Australia también se unirán a ese nuevo «supercontinente», con lo cual todas las tierras actuales se convertirán en una sola… como ocurrió hace 300 millones de años.

Esta deriva continental se debe a que la corteza terrestre se encuentra en constante movimiento, aunque no lo notemos. Su migración genera configuraciones, como la cordillera submarina que actualmente cruza el Atlántico medio o los alrededores de Japón, donde las placas tectónicas se montan una sobre otra.

Los geólogos creen que, a lo largo de miles de millones de años, estas placas mutantes han ido creando diversos supercontinentes que hoy se conocen como Columbia o Nuna (hace 1,8 mil millones de años), Rodinia (hace mil millones de años) y Pangea (hace 300 millones de años), por citar algunos.

Un mundo sin Mar Caribe

El próximo supercontinente del futuro ya ha sido bautizado como Amasia: un nombre híbrido de América y Asia. Los investigadores han predicho cuándo y dónde se formara Amasia, basándose en la historia de los cambios geológicos precedentes.

Los científicos están familiarizados con el concepto de otra Pangea, pero no hay muchos datos para determinar cuál sería la forma del supercontinente.

Según el modelo propuesto, América del Norte y América del Sur se unirían, cerrando el mar Caribe. También desaparecería el Océano Ártico, lo cual produciría la conexión entre América y Asia. El modelo pone a América dentro de lo que hoy se conoce como el «anillo de fuego» del Pacífico, mientras que Eurasia, África y Australia se fusionarían en un solo continente, dejando a la Antártida aparte.

La predicción se basa en el análisis de los datos magnéticos guardados en rocas alrededor del mundo que revelan la orientación magnética de las rocas en épocas pasadas.

Los cambios de longitud y latitud de las tierras planetarias en el transcurso de miles de millones de años podrían explicar, entre otras cosas, extraños mitos de diferentes pueblos que hablan, por ejemplo, de regiones nevadas en zonas de lo que hoy es la India subtropical.

Ciertamente ninguno de nosotros verá el cambio, pero no deja de ser interesante saber que incluso aquello que hoy nos parece eterno e inmutable termina por cambiar o desaparecer.

En este video de 2 minutos, se ven los cambios en el rostro de nuestro planeta para los próximos 250 millones de años.

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