¿Cómo se «veía» realmente el Antiguo Egipto?

Ruinas actuales de Luxor

Ruinas de Luxor

Últimamente he estado leyendo más que de costumbre sobre ciertos temas relacionados con el mundo antiguo. A decir verdad, es una obsesión que arrastro desde la adolescencia, y cada vez me interesa más indagar en las épocas que nos precedieron. No cabe duda de que hemos perdido un legado extraordinario, tanto en cultura como en tecnología, proveniente de nuestro pasado. Pocas civilizaciones dejaron rastros obvios de su presencia; otras, solo algunas ruinas o dibujos; y muchas más apenas son recordadas en mitos y leyendas. Pero incluso las que han dejado huellas visibles, se mantienen bastante ajenas a nuestro ojo contemporáneo; ni siquiera hemos logrado tener una visión cabal de su espiritualidad, de su sentido estético o de sus motivaciones religiosas, aun cuando se trate de civilizaciones estudiadas y exploradas hasta el cansancio, como la griega o la egipcia.

Para poner un ejemplo, la escultura renacentista y moderna, que se cree deudora directa de la estatuaria grecorromana, en realidad tomó un camino adulterado desde el Renacimiento. Cuando artistas como Michelangelo, Bernini o Donatello esculpieron sus icónicas obras en mármol blanco, pensando que seguían los parámetros del ideal clásico, se equivocaban de medio a medio, porque toda la escultura antigua requería del toque final de la pintura para ser considerada una obra digna de dioses y reyes.

De igual modo, las obras arquitectónicas que hoy nos asombran por la limpieza uniforme de sus superficies, como el Partenón, estuvieron cubiertas de pinturas y motivos decorativos.

Tal vez sea el arte egipcio, entre todos, el que mejor nos haya permitido apreciar “en vivo y en directo” el concepto de una estética arcaica. Gracias al culto funerario que consumía buena parte de su religión y de su vida, las huellas del colorido arte egipcio han podido llegar hasta nosotros a través de esas moradas fúnebres, preservadas durante milenios.

Uno de los ejemplos mejor conservados es la Tumba de Sennedyem (o Sennedjem o Sannedjem), un artista que trabajó en la necrópolis del Valle de los Reyes durante los reinados de Seti I y de su hijo Ramsés II. Dado su oficio, sospecho que él mismo debió de haber participado directamente en la decoración de su propio sepulcro. Esta porción de arte sobreviviente nos da una idea de la grandiosidad desaparecida junto con los centenares de monumentos saqueados y destruidos a lo largo de la historia.

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A pesar de todo, seguimos teniendo una imagen del pasado tan incompleta como el propio rostro de la Esfinge. También los restos de pintura en esta monumental obra indican que estuvo llena de color, al menos en la época de los faraones.

La Esfinge ya se encontraba en ruinas cuando comenzaron a sucederse las dinastías egipcias. La estela hallada entre sus patas, y numerosos estudios modernos, parecen indicar que al menos un faraón volvió a tallar la cabeza de la escultura original –que originalmente no era humana, sino felina– y que además la hizo pintar, pues sus colores originales ya se habían desvanecido. (No voy hablar aquí sobre quiénes fueron los posibles constructores de la Esfinge porque eso llevaría otro artículo).

La enorme desproporción que existe entre el cuerpo y la cabeza de la Esfinge parece corroborar esa tesis. Sea como sea, en la época faraónica la Esfinge no era un monumento de roca al desnudo que se nos presenta en la actualidad. Los restos polícromos hallados en ella nos permiten tener una idea bastante exacta de su aspecto, sobre el cual se han hecho varias propuestas. Aunque las versiones difieren en ciertos detalles, existe un consenso bastante uniforme de cómo pudo verse.

La Esfinge en la época de los faraones

La Esfinge en la época de los faraones

Las pirámides también se veían muy distintas a cómo se muestran hoy. Lejos de ser las montañas de bloques escalonados que hemos heredado, estaban cubiertas por una variedad de piedra caliza que había sido trabajada para que cada lado pareciera una pared lisa. Esa variedad de piedra blanca que enchapaba el cuerpo de las pirámides reflejaba la luz del sol y las hacía resplandecer. Vistas desde una gran distancia, brillaban como gigantescos diamantes.

Dada su tradición de cubrir los monumentos con dibujos polícromos, algunos especulan sobre la posibilidad de que esa superficie lisa hubiera sido el marco ideal para que los egipcios plasmaran gigantescos murales simbólicos, aunque de esto no hay pruebas hasta el momento.

La punta de las pirámides también estaba recubierta por áreas pulidas, aunque con un material diferente al de sus paredes. Los investigadores no se ponen de acuerdo sobre cuál sería dicho material.

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Aspecto que ofrecerían las pirámides de superficie blanca en el Antiguo Egipto.

En términos generales, los centros ceremoniales y urbanos del Antiguo Egipto ofrecían un aspecto más imponente y abigarrado de lo que la mayoría de la gente supone. Todos sus templos y edificios exhibían jeroglíficos, tallas en relieve y murales profusamente coloreados. Todavía hoy es posible distinguir muchos de esos colores.

En aquellas edificaciones donde la pintura ha desaparecido, la tecnología ha venido a prestarnos ayuda para rescatar la riqueza de su apariencia primitiva. Con el uso de la luz ultravioleta, aplicada a las superficies desgastadas por el tiempo, ahora es posible descubrir los tintes originales que cubrieron las piedras. Esta nueva información permite revestir digitalmente los diversos conjuntos arquitectónicos que, a simple vista, parecen descoloridos.

Tanto en las imágenes fijas como en aquellas que usan movimiento en 3-D, la estética egipcia sorprende por lo alienígena que resulta comparada con lo que creíamos conocer. La reconstrucción digital del Templo de Luxor es un ejemplo de lo que debió ser el entorno arquitectónico del país de los faraones.

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Si hoy somos capaces de reconstruir la fisonomía de nuestros ancestros, a partir de sus cráneos, o conocer las causas naturales o accidentales por las que murieron, también su entorno cotidiano está comenzando a cobrar color y tridimensionalidad. La creciente colaboración interdisciplinaria entre los artistas digitales y los científicos sigue abriendo caminos para el rescate de la Historia. Con ello, no pierdo la esperanza de que algún día logremos recuperar nuevos fragmentos del pasado que creíamos desaparecido para siempre o cuya existencia ni siquiera sospechábamos.

5 comentarios

Archivado bajo Arqueología, Arte, Tecnología

5 Respuestas a “¿Cómo se «veía» realmente el Antiguo Egipto?

  1. Roger Morillo

    Estoy fascinado por tan exquisito trabajo en blog. No tengo palabras. Sólo, gracias.

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  2. Gracias a ti por tus palabras.

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  3. Ocurre algo similar con la arquitectura colonial en Cuba y otros lugares. Estamos acostumbrados a ver las calles de La Habana vieja con el austero color arena de la piedra, pero en realidad en los siglos XVIII y XIX esos muros de roca coralífera o caliza estaban estucados y pintados con cal y otras pinturas policromas. En una época sin anuncios lumínicos, cada negocio anunciaba su función y sus mercanías en las paredes, además de incluir figuras humanas, carteles y elementos puramente decorativos de abundante colorido.

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  4. jesús

    Me fascina el mundo antiguo. Sus culturas, sus adelantos técnicos, de los que sabemos muy poco.

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