Comida para Phil: una cura contra la depresión pandémica

Después de pescar y recolectar tallos de loto en una granja familiar, Phil disfruta de una comida en un restaurante campestre junto a la familia del propietario (isla de Thanh Da, Saigón, Vietnam).

Los meses de mayo y junio de este año quedarán entre los más oscuros que me hayan tocado vivir. El aislamiento obligatorio debido a la pandemia, las rachas de destrucción y de caos alimentadas por grupos de delincuentes y terroristas, la avalancha de agresiones verbales en las redes, la hambruna y la miseria cada vez mayores en ciertos países de América Latina y el Caribe, cuyos gobernantes se muestran cada vez más insensibles y dictatoriales hacia pueblos que merecerían mejor destino, me provocaron una depresión como nunca antes había experimentado. Ni siquiera la lectura y la escritura, mis dos grandes panaceas, pudieron sacarme de ella.

Restaurante Ponto Final (Lisboa, Portugal).

Pero hace unos días, cuando comentaba mi estado de ánimo con unos amigos, estos me recomendaron un programa de Netflix que, según ellos, les había servido de terapia anímica. No se trataba de un documental, ni de una de esas dramatizaciones de historia o ficción, sino una serie dedicada a la cultura culinaria… aunque tampoco era exactamente eso.

Titulada Somebody Feed Phil (Comida para Phil, en español), cuenta con 17 episodios, divididos en 3 temporadas. Su productor y conductor, Philip Rosenthal –conocido por ser el creador de la serie Everybody Loves Raymond y casado con la actriz Monica Horan que hizo el papel de Amy– nos lleva por diferentes ciudades del mundo para descubrirnos la relación entre el arte culinario y la esencia de sus pueblos.

A diferencia de otras series sobre comidas, esta prefiere acercarse a la tradición que hay detrás de cada plato, restaurante o estilo gastronómico. Phil no solo muestra fondas típicas, restaurantes con clasificación Michelín o humildes quioscos en ciertas esquinas, sino que explora las vidas y las historias detrás de ellos.

El humor es uno de los elementos que distingue a esta serie, porque Phil –pese a sus cincuenta y tantos años– hace gala de un espíritu infantil, lleno de vitalidad y perenne asombro, que nos hace ver el mundo con un candor que hoy es raro encontrar. Su sentido del humor no se apoya en chistes ni en bromas prefabricadas, sino simplemente en asumir cada experiencia con una actitud abierta donde cualquier cosa puede suceder.

Cervecería Ramiro, los mejores mariscos de Lisboa (Portugal).

Mis amigos tenían razón. Esta serie ha sido una cura emocional que me ha recordado las razones por las que vale la pena seguir adelante y confiar en que todo pasará de algún modo.

¿Qué hay en el carácter de los vietnamitas que les ha permitido reconstruir, en tan escaso tiempo, un país totalmente destruido? ¿Por qué prefieren no hablar del pasado y concentrarse en sonreír y recibir con los brazos abiertos y sin rencor a los ciudadanos de una nación con la cual mantuvieron un conflicto a muerte hace apenas una generación? Esa podría ser una lección para cierta gente empeñada en revivir una y otra vez el pasado, que sigue promoviendo discursos de odio que no conducen a ningún sitio, en lugar de poner todo ese esfuerzo en construir un mañana más próspero y pacífico para todos.

Recolección de tallos de loto al amanecer. Isla de Thanh Da (Saigón, Vietnam).

¿Qué hace que musulmanes, árabes, judíos y palestinos convivan tan armoniosamente dentro del territorio israelí, uno de los más seguros del mundo, pese a lo que asegure la prensa? Yo obtuve mi respuesta durante la visita que hice a Israel hace 3 años. Phil Rosenthal coincide conmigo, punto por punto, al descubrir lo que hay detrás de ese milagro.

Dr. Shakshuka, uno de los restaurantes emblemáticos de Jaffa (pronunciación: Yafó), del cual hablé en la primera parte de mi serie “Un milagro llamado Israel” en este mismo blog.

¿Cómo ha sido posible que la población de New Orleans, mayoritariamente negra, haya reconstruido y revitalizado una ciudad sureña que quedó prácticamente inhabitable después del huracán Katrina? ¿Qué los hace disfrutar la vida con tanta alegría en un país donde, si nos guiamos por la prensa, solo parece existir el odio y la violencia interracial?

Phil visita a Leah Chase, nonagenaria chef y propietaria del restaurante Dooky Chase, una leyenda de la cocina creole (New Orleans, Estados Unidos).

Todas esas historias son lecciones de humanidad para un presente que parece dominado por el caos, porque tanto la prensa como las redes no hacen más que atiborrarnos de historias destructivas. No es que tales historias no existan, pero no son las únicas que ocurren en el mundo. Desgraciadamente, la atención que se le da a los actos vandálicos y criminales de unos pocos opaca el carácter constructivo de la mayoría.

Mi consejo para quienes busquen sanar el espíritu y limpiarse de tanta negatividad es que se alejen de esa clase de noticias. Es lo que estoy haciendo. Miren la serie, escuchen las voces y las experiencias de estas comunidades que nos devuelven la esperanza que otros se empeñan en arruinar. No permitamos que nos sigan destruyendo la visión de un futuro que pudiera ser mucho mejor.

6 comentarios

Archivado bajo Gastronomía, Televisión, Viajes

6 Respuestas a “Comida para Phil: una cura contra la depresión pandémica

  1. Hermoso, Daína. La comida nos use, y la tradición detrás de cada plato nos acerca.
    Y esto no tiene que ver con tu post, pero ya me han pregutnado varias personas dónde se puede conseguir la versión en inglés de Los hijos de la Diosa Huracán. ¿ya estás? ¿Te animas a traducirlo, si no? Abrazos desde Hobbs

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  2. Jorge Ramon

    Gracias por esta recomendación.-Viniendo de ti,como dicen los españoles,vale.-Saludos.

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    • Byrom Coto Aquino

      Gracias Daína, por esa dosis necesaria de esperanza, una vez más queda ante nosotros que la realidad es una construcción de lo que preferimos VER y con cada elección podemos contagiarnos de negatividad o poner más Luz en nuestra existencia.

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  3. Excelente recomendación y muy buen artículo!

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  4. adanvasco

    Como siempre es un placer leer las palabras plasmadas con tu tinta. Sin embargo no puedo dejar de notar que aunque aludes a recientes malestares como “las rachas de destrucción y de caos alimentadas por grupos de delincuentes y terroristas”, no hay ninguna mención de lo que ha conducido a los susodichos “destrucción” y “caos”. Es fácil solo ver lo que nos afecta, sin ponernos en los zapatos de otros.

    Regards from a fellow Miamian.

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