Lovecraft y el gozo del terror

La antología con edición y prólogo de Oscar Hurtado, que conservo desde la adolescencia, donde leí por primera vez “El llamado de Cthulhu”.

Nunca olvidaré la impresión que me produjeron mis encuentros con la obra de Howard P. Lovecraft (1890–1937). Mi primer hallazgo fue su relato “Las ratas en las paredes”, que me dejó con un sobresalto continuo cada vez que escuchaba el menor crujido cerca de mí. Después leí “El color que cayó del cielo”, que me sumió en un estado de horrorizado éxtasis. Pero mi prueba de fuego fue “El llamado de Cthulhu”. Después de leerlo, pasé varias noches sin dormir. Por el día andaba como sonámbula, cabeceando en clases, porque el terror no me permitía cerrar los ojos de noche. Me pasaba las horas bajo la sábana, temblando de miedo y sospechando que había algo de cierto en esas espantosas criaturas que habían abandonado el reino sumergido de R’lyeh, donde se ocultaban desde hacía eones, como afirmaba un misterioso libro citado por Lovecraft: el Necronomicon, del árabe loco Abdul Alzhared.

Por supuesto, empecé a buscar datos sobre el Necronomicon. Aunque sabía que el relato era ficción, por alguna razón pensaba que el libro era real y que Lovecraft se había basado en él para sus historias. Otro amigo de la secundaria donde yo estudiaba, que también había leído ese relato, andaba igualmente inmerso en la búsqueda del manuscrito. Visitamos varias veces la Biblioteca Nacional para revisar las gavetas llenas de fichas. Preguntamos a las bibliotecarias, que sabían menos aún que nosotros. Jamás habían oído hablar de semejante libro y, cuando les explicábamos de qué se trataba, ponían caras de preocupación y otras expresiones que no podíamos clasificar. Al final, mi amigo y yo concluímos que quizás el Necronomicon era una obra demasiado extraña ―y con «problemas ideológicos», debido a su naturaleza metafísica y ocultista― para que le permitieran figurar allí. Tuvieron que pasar muchos años para que me convenciera de que todo era invención de Lovecraft, aunque antes tropecé con muchos otros adolescentes que también andaban a la caza del libro maldito.

Esa es la maravilla del universo que puede crear un maestro como Lovecraft, capaz de convencernos sobre la posibilidad de lo imposible. No es de extrañar que terminara siendo uno de los escritores que más me influyera, no por el uso de los temas, sino por la utilización de los sentidos al elaborar una historia de ficción. Fue también uno de los que más enigmas me dejó cuando quise entender cómo lograba atrapar a sus lectores.

Con poco más de 100 páginas, este es un excelente ensayo literario sobre Lovecraft.

Hace unos días terminé de leer un ensayo titulado H.P. Lovecraft: Against the World, Against Life, del escritor francés Michel Houellebecq, que me ha llevado a reevaluar la obra de ese autor imprescindible para todo amante del género fantástico. El ensayo analiza el fenómeno Lovecraft tanto en su aspecto personal como literario. En el primer caso, explora los extremos de su fascinante personalidad, incluyendo su desprecio por el dinero, el comercialismo y el sexo en cualquiera de sus formas. Y en el segundo, los recursos que manejó (al parecer de manera inconsciente) para conseguir ese horror que sigue atrayendo al lector contemporáneo.

La personalidad de Lovecraft estuvo tan llena de contradicciones como su obra. Aunque mantenía una actitud de “superioridad aristocrática” frente a la sociedad, también se destacó por su extremada cortesía, su bondad y su gran altruismo. Por otro lado, aunque era un creyente convencido, su obra es de un materialismo filosófico pavoroso. Houellebecq señala la presencia de cierta actitud racista en el escritor, pero no me parece que se trate de un racismo convencional. Su aparente xenofobia puede ser más un asunto biológico, un miedo hacia otras especies alienígenas. Al menos, es lo que pienso. Sin embargo, se trata de un aspecto aún abierto a debate.

Resulta especialmente revelador el capítulo donde indaga en su vida matrimonial con Sonia Haft Green, siete años mayor que él, y que al parecer fue la única mujer con la que mantuvo relaciones sexuales. Por lo visto, se trató de un matrimonio al cual el escritor se dejó arrastrar por la energía y la iniciativa de una mujer muy independiente.

Su verdadera personalidad literaria se inició durante esa etapa con “El llamado de Cthulhu”, uno de los llamados grandes textos del autor, integrados además por “El color que cayó del cielo”, “El horror de Dunwich”, “El que susurra en la oscuridad”, “En las montañas de la locura”, “Los sueños en la Casa de la Bruja”, “La sombra sobre Innsmouth” y “La sombra del tiempo”. Aunque Lovecraft escribió otros cuentos, solo o en colaboración con varios autores, estos relatos largos (más bien noveletas) constituyen su legado más sobresaliente, según el ensayista, ya que en ellos se encuentra el grueso de su mitología.

Sonia Haft Green y H. P. Lovecraft, en 1924.

En medio de esa eclosión creativa, se produjo el fracaso de su matrimonio que dio al traste con las posibilidades de un Lovecraft diferente, que conoció la felicidad durante un breve período antes de volver a hundirse en la melancolía que lo caracterizó siempre.

Dado su desprecio por el dinero y su aparente apatía por las relaciones sexuales, no debería extrañarnos que en sus relatos no aparezca nada relacionado con esos dos temas, sin los cuales, según el ensayista, resulta prácticamente imposible escribir literatura de ficción. Y realmente, por más que lo pienso, no me viene a la mente ninguna obra literaria donde los personajes no estén dentro de una posición o rango social determinados, como elementos que guían sus pasos e influyen en su personalidad y sus acciones. Tampoco he podido encontrar ―y si existe, debe ser una excepción― alguna historia contemporánea de ficción donde el sexo en cualquiera de sus variantes (desde las relaciones más castas hasta el erotismo más subido) no aparezca de una u otra manera. Como hace notar Houellebecq, ninguno de esos temas existe en la obra de Lovecraft, quien ni siquiera se molesta en esbozar cuál es la situación económica de sus personajes, de qué viven o cómo se las arreglan para tener el dinero que les permite viajar de un lado a otro. A lo sumo, alguna vez aparece una pincelada al respecto. Nada más.

Lovecraft en 1914.

Aunque el ensayo no lo menciona, hay que señalar que en el universo de Lovecraft tampoco aparece un elemento casi obligado en toda obra de horror: el mundo espiritual con su eterna dicotomía entre el Bien y el Mal (Dios versus Satanás). Tal vez por eso su literatura haya sido calificada de «horror materialista» por algunos. Lo cierto es que en ella no hay ningún Deus ex machina que pueda salvar a sus protagonistas de los horrores preternaturales del universo. No existe un Dios ―y tampoco un demonio― cuyas fuerzas puedan medirse para dejarnos la esperanza de un desenlace feliz.

Houellebecq da respuestas a una buena cantidad de preguntas sobre la maestría de Lovecraft para conseguir ese horror absoluto que llena de gozo a sus lectores. Por supuesto, las respuestas halladas dentro de esta vivisección no bastan para que alguien pueda repetir el embrujo de este genio. Conocer que Lovecraft rompió con muchas convenciones literarias para crear esos textos terroríficamente atractivos, no hace más que acrecentar la grandeza de su talento, que logró horrores tan inasibles que ni siquiera el cine se ha atrevido a duplicar hasta el momento.

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12 comentarios

Archivado bajo Clásicos, Escritores, Lecturas, Literatura

12 Respuestas a “Lovecraft y el gozo del terror

  1. Qué añoranza me ha dado ver la portada de esa antología. Todos mis amigos de mi escuela la leimos un montón de veces. Yo tambien fui de los que me puse a buscar el Necronomicon por todas partes. Menos mal que no fui el unico.

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  2. ¡Cuántos recuerdos! Creo que muchos fuimos admiradores secretos (o no tan secretos) de Lovecraft allá en La Habana. ¡Y buscadores del Necronomicon! También se publicó otra colección, Ratas en las paredes, que era lo perfecto para leer de noche, jejeje, muy buena. El cuento que más recuerdo es La sombra sobre Innsmouth.
    Cariños desde Taos, la Te

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  3. Excelente nota. Los fans de Lovecraft la disfrutarán y seguramente muchos lectores que no han leído aún sus escalofriantes relatos se animarán a hacerlo.

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  4. Eso espero, mi querido Tony. Sé que, como yo, también sigues siendo fan de ese autor.

    Gracias a Luis y a Teresita por compartir sus recuerdos. Por lo visto, parece que había todo un movimiento clandestino de buscadores del Necronomicon por toda Cuba.🙂

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  5. Hay un Necronomico espurio por ahí. Lo compré, pero no lo he leído. Sería una decepción. Es mucho más sabroso mirar la carátula y ya.

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  6. Excellent blog. I discovered Lovecraft in high school when i picked up a copy of “The Dunwich Horror and Other Stories”. From rhis collection I randomly chose “The Music of Erich Zann” and “Pickman’s Model”. Honestly, I was not impressed until I read “The Rats in the Walls”–and that’s when I understood what all the talk was about: this was such a unique story with great scope and imagination. This story had me stopping every few sentences in order to mentally digest what I’d just read.
    It also introduced an idea to me which i truly belive in: that our history is incredibly incomplete and that advanced civilisations have come and gone, with newer ones ignorantly building on the foundations of the old.
    I do not necessarily like everything about Lovecraft, the man- for instance, his racism- but his writing is amazingly potent, unique and brilliant…and damn scary. He is truly one of my favorite writers. Thank you for the blog entry.

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    • Thanks for sharing your experiences and thoughts, Richard. I’m glad you could finally read Lovecraft at its best. And for sure “The Rats in the Walls” is among his finest texts. Anyway, if you still have not read some of those works that Houellebecq classifies as his “great texts” (mentioned in the post), you should really try to find them. I must confess I was a little bit taken aback about Houellebecq mentioning racism as one of Lovecraft’s personality trends. You also mention it. I was never aware of this while reading his stories during my teens. In fact, I still think this perception has more to do with some sort of paranoid feeling towards alien biological entities rather than the everyday meaning of the notion. But this whole subject is too complex to discuss here. What is undeniable is the literary legacy he left for future generations, and readers like us. Thanks again for sharing.

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  7. Carlos Duarte

    Es dificil no haber sido seducido por el inefable horror Lovecraftiano en alguna etapa de nuestras vidas. Yo lei primero El Forastero en la antologia “Cuentos de Horror y Misterio” de 1967. No recuerdo que edad tendría pero era niño aún y me impresionó muchisimo el mazazo final del cuento. A partir de ahí lei todo lo que me cayó en las manos de él (menos el Necronomicon🙂 ) porque siempre tuve bastante claro que el arabe loco vivia solo dentro de la cabeza del maestro.
    Gracias por la nota, Daina.

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  8. Muy bueno, creo que tengo ese ensayo pendiente por leer. Sin duda lovecraft abrió a la puerta a nosotros a cosas que estaban más allá de la compresión, en tiempos en que la ciencia podía explicar todo. También podemos decir que cada escritor que ha leído un relato de lovecraft, no puede evitar crear obras influenciados por él. En fin, espero que allá aportado y gracias por compartir este articulo saludos
    ———————
    http://blackhole.bligoo.com/

    http://chileniaucronica.blogspot.com/

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  9. Soy Argentino, y siempre me impresionó , los relatos , donde debia indagar , e investigar , en la famosa biblioteca de Buenos Aires donde se encuentra oculto una de las copias del famoso libro…, en esa época , ya reconocer ese establecimiento , en forma mundial…claro que , también tien su importancia , como biblioteca.

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  10. Pingback: Howard Phillips Lovecraft: raro entre los raros | Blog de Teresa Dovalpage

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