“Autorretrato de un macho disidente”: la otra cara del feminismo

Imagen: Cortesía de Juan Carlos Cuba Marchán

Acabo de leer un libro sorprendente: Autorretrato de un macho disidente (Ediciones Huso, 2017), del ensayista, profesor y catedrático español Octavio Salazar Benítez. Confieso que ni siquiera su irreverente título me preparó para lo que contenía.

Estructurado en breves capítulos, a partir de anécdotas y vivencias, su autor medita sobre lo que ha significado su ruptura paulatina con los moldes sociales preestablecidos, contra los cuales había estado lidiando desde su infancia, incluso antes de tener conciencia de ello.

El resultado es una especie de autobiografía afectiva donde, tras varios años de matrimonio convencional y un hijo, intenta explicarnos por qué no quiere continuar con esa vida en la que se siente restringido y enjaulado dentro del estrecho papel de lo que significa ser “macho” en una sociedad ahogada por tabúes.

Sin embargo, esta no es simplemente la confesión de quien decidió “salir del armario” después de haber vivido hasta la adultez como heterosexual. Más bien se trata de un ensayo reflexivo sobre lo que significa ser hombre o mujer, y cómo estos papeles —biológicos y/o psicológicos— cercenan la naturaleza emotiva de cada individuo. El autor va diseccionando las razones que lo llevaron a entender por qué las características obligadas de cada sexo se convierten en restricciones limitantes para ambos.

Imagen: Cortesía de Juan Carlos Cuba Marchán

Últimamente he notado la saludable presencia de libros, artículos y películas feministas que reclaman más libertades políticas, económicas y espirituales para la mujer. Salvo ciertas excepciones, los gobiernos son cada vez más propicios a reconocer e intentar paliar las desventajas a las cuales el patriarcado ha sometido a las mujeres durante milenios. En este sentido, aún nos queda un largo camino por recorrer, pero vamos avanzando.

Sin embargo, falta la contrapartida de esta batalla feminista. Poco o nada se habla de que también existen restricciones, prohibiciones y tabúes igualmente limitantes para los hombres, quienes son emocionalmente castrados desde su nacimiento, con frases que van desde la consabida “los varones no lloran” hasta la obligación de resolver sus problemas personales mediante los puños y la violencia.

Esta biografía es un grito de rebelión contra esas normas. Su autor se niega a aceptar la presión social que se ejerce para que todo varón se vea obligado a exhibir su poderío, su fuerza física, su capacidad para competir (en los deportes, en el trabajo, en la vida) y su actitud dominante en todo momento. Para ello, Salazar propone ampliar el rango de las emociones para el hombre, y una visión diferente sobre lo que significa lo masculino y lo femenino.

No solo arremete contra los estereotipos comunes, sino contra otros nuevos que también se van estableciendo:

“No me siento […] parte de esa ‘comunidad’ que veo desfilar cada final de junio y que los medios transmiten como si se tratara de un carnaval. Me siento de nuevo etiquetado, cosificado, encorsetado. No he recorrido un camino tan largo y tortuoso para volver a tener que encerrarme en un modelo que otros, y muy especialmente los que están en el vértice de la pirámide, dictan para mí. No me siento orgulloso de mi orientación sexual o de mi identidad de género, entre otras cosas porque mi gran conquista creo que es haberme liberado de esas etiquetas. […] Orgulloso, en todo caso, de sentirme perplejo cuando en los formularios administrativos me obligan a posicionarme, o cuando el interlocutor se me pierde cuando no tiene claro dónde estoy. […] Orgulloso sí, claro, de no saber qué nombre ponerle a todo eso”. (pp. 105-107)

Esa libertad plena que es su rechazo al encasillamiento social es parte importante de la propuesta del autor, quien batalla contra un mundo que obliga a catalogar a cada individuo bajo un epíteto previamente regulado.

Más importantes que sus exploraciones sexuales en busca de una identidad nueva, son las anécdotas sobre su hijo y el hijo de su actual pareja, a quien también considera suyo; la admiración y amistad que mantiene con quien fuera su esposa; los recuerdos sobre la importancia que tuvieron su madre, sus abuelas, sus tías, y otras mujeres a lo largo de su vida; sus transiciones y sus crisis para aceptarse como un individuo que continúa evolucionando… Todos ellos son escenarios que nos obligan a considerar quiénes somos y cómo exploramos nuestro entorno.

Por ello decía que este libro es mucho más que las confesiones de un hombre que dejó de vivir con una máscara social. Es la radiografía desgarradora de un ser humano que ha luchado por despojarse de todos los moldes que lo estuvieron asfixiando desde la niñez y que ha intentado redescubrirse.

Ponerse en la piel del otro: he ahí una de las claves de esta lectura que recomiendo a todo lector, sea hombre o mujer, sea cual sea su orientación sexual, tenga 18 ó 60 años. Autorretrato de un macho disidente es una de esas obras intensas y sorprendentes que nos obligan a mirar más allá de lo conocido y aceptado como incuestionable para adentrarse en un terreno casi virgen: la compleja riqueza emotiva que perdemos como individuos cuando intentamos medir con el mismo molde a muchos, porque no hay nada más diferente a un ser humano que otro ser humano.

Deja un comentario

Archivado bajo Contemporáneos, Lecturas, Reseña

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s