Orígenes paganos de San Valentín

st-valentine-cryingYa es sabido que muchas religiones monoteístas no toleran compartir su culto con otras creencias. Para lograrlo, borran las anteriores sustituyéndolas por sus propios íconos. Esta ha sido una práctica común dentro del cristianismo. El caso de San Valentín apunta a que se trata de una figura creada para destronar deidades y ritos paganos que la Iglesia transformó con el fin de que se adecuaran a sus doctrinas.

Aunque la supuesta calavera del santo se conserva en una basílica romana construida sobre un antiguo templo a Hércules, lo cierto es que no se sabe cuántos San Valetines hubo. En siglos recientes han circulado muchas versiones de su hagiografía, pero ninguna resulta confiable. Su existencia resulta tan dudosa que los propios teólogos no logran situarlo como un personaje real o específico. Por esa razón, el calendario católico no lo incluye dentro de las conmemoraciones litúrgicas.

Al parecer, una de las razones para la existencia de San Valentín fue suprimir las fiestas paganas conocidas como Lupercales, nombre derivado del latín lupus (lobo) e hircus (macho cabrío). Celebradas en la antigua Roma, las Lupercales se iniciaban con una jornada orgiástica dedicada a la diosa Juno (Hera, para los griegos) que se extendía del 13 al 14 de febrero, día consagrado a Juno Lupa, y culminaba el 15 con la Lupercalia.

También llamado Festival de la Loba, sus practicantes se reunían cerca de la gruta Lupercal (recientemente localizada bajo las ruinas del palacio de Augusto), en el Monte Palatino, para purificarse antes de la primavera. Para ello sacrificaban un perro (vinculado al lobo) y cabras, consideradas impuras, que eran desolladas para hacer tiras de cuero con sus pieles. Con esas tiras llamadas februa (del latín februum: purificación), que dieron nombre al mes de Febrero, los jóvenes luperci corrían y gritaban medio desnudos por todo el Monte Palatino, azotando a quienes hallaban a su paso. Las tiras de cuero personificaban el miembro viril y, según las creencias, no sólo purificaban, sino que aumentaban la fertilidad de las mujeres, por lo que muchas se alineaban a lo largo de la ruta para recibir algún “februarazo”.

Tras ser ungidos con la sangre de cabras sacrificadas, los jóvenes luperci (llamados así porque debían comportarse como lobos salvajes) aseguraban con látigos de februa la fertilidad de las mujeres.

En el siglo V, la Iglesia rechazó esos ritos por considerar que estaban cargados de lujuria. En realidad, lo que molestaba a la Iglesia era la continuidad de aquellas fiestas paganas que apartaban al pueblo del temor al pecado y al castigo del ceñudo Dios católico. Fue el Papa Gelasio I quien prohibió definitivamente las Lupercalias e implantó una festividad donde también se celebraba la purificación y la fertilidad, pero de la Virgen María. Poco después esa fiesta se convirtió en San Valentín.

Aunque es evidente la conexión entre los antiguos ritos de fertilidad y el significado actual de San Valentín, también parece existir un sincretismo adicional con otro dios pagano: Vali, dios nórdico de la luz eterna, cuyos atributos eran rayos solares en forma de flechas.

Vali, dios nórdico de los arqueros, la venganza y la luz eterna: otro posible antepasado de San Valentín

Vali era el dios de los arqueros. Su mes nórdico se hallaba entre los actuales enero y febrero, que preceden al inicio de la primavera. Este dios había nacido para vengar la muerte de su hermano Balder, quien había sido asesinado por Hodur, el dios ciego de las tinieblas. Por ello Vali es también el dios de la venganza y, por tanto, del renacimiento, ya que sin su acción, Balder no hubiera sido redimido y, por tanto, no podría renacer después del Ragnarök, el Apocalipsis descrito en las Eddas nórdicas.  La alegoría del mito nórdico podría interpretarse como la muerte de los oscuros días invernales ante la llegada de los rayos solares. Y el futuro renacimiento se relaciona con el cambio de la estación invernal para dar paso a la eclosión de la primavera: época en que las plantas y los animales encuentran el mejor momento para la reproducción. De ahí que Vali sea también considerado benefactor o protector de los amantes.

Existe otro mito pagano, mucho más obvio, que también fue fusionado con el día de San Valentín. Me refiero al Cupido romano (Eros, para los griegos) que, como el joven Vali, también portaba su arco. Nacido de la diosa Venus o Afrodita, el caprichoso dios incendiaba los corazones con sus flechazos invisibles. Su poder llegó a provocar verdaderas tragedias en la mitología grecorromana. La iconografía católica popular lo transformó en el famoso angelito de las flechas que es una versión dulcificada del dios pagano del deseo.

Vali, Cupido, Eros… Estos dioses, y quizás otros más, cuyas festividades se celebraban a mediados de febrero desde tiempos inmemoriales, hoy perviven ocultos en la fiesta universal que unifica a tantas culturas, como arquetipos de fuerzas y emociones comunes a toda la especie humana.

Chiesa di Santa Maria_Cosmedin

La supuesta calavera de San Valentín, conservada en la basílica “Santa María en Cosmedin”, está sospechosamente coronada con flores, un atuendo curioso para un mártir cristiano que parece rendir tributo a su verdadero origen pagano.

1 comentario

Archivado bajo Antropología, Festividades, Mitología, Paganismo, Religión

Una respuesta a “Orígenes paganos de San Valentín

  1. Julio

    Muy interesante su artículo, como todo lo que leo en su blog. No tenía ni idea de lo que habia detras de esa fecha. Compartiré el enlace con amigos.

    Me gusta

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