Terra Nova 3: una antología de múltiples registros

Ando más que retrasada con los artículos que me había propuesto escribir sobre mis últimas lecturas. Y es que después de muchos años en los que no había leído mucha ciencia ficción —aunque sí abundante fantasía, arqueología y literatura mainstream o tradicional—, he regresado al género leyendo mucho más de lo que podré reseñar. Esa ansiedad de lectura se debe a que por fin entregué mi última novela del ciclo “La Habana Oculta” en el que venía trabajando desde hacía dos décadas y ahora he querido refrescarme retomando un género donde me siento muy a gusto.

En artículos anteriores me referí a los volúmenes 1 y 2 de Terra Nova, antologías compiladas por Mariano Villarreal (España) y Luis Pestarini (Argentina), grandes conocedores del género. Esta vez hablaré sobre los relatos reunidos en el volumen 3, seleccionados por el primero de ambos.

Una vez más, en esta selección encontré una amplia gama de escritores de diversas latitudes con muy variados registros. Paolo Bacigalupe (Estados Unidos) es uno de ellos. Debo confesar que La chica mecánica, su primera novela que le valiera varios premios importantes del género, me decepcionó. Ni siquiera pude acabar de leerla. Pero su cuento “El jugador”, incluido en esta antología, me gustó bastante. Aborda el tema del contraste entre la ética periodística y el uso de las redes sociales (o de Internet) que pueden crear tendencias para manipular los ratings. Es una historia que podría pertenecer o no al género, porque lo cierto es que no anda lejos de la realidad.

De Ken Liu (China-EE.UU.), autor del extraordinario relato “El zoo de papel”, se incluye “Mono no aware” (un término japonés que significa “la sensación de fugacidad de todas las cosas de la vida”), que apela a esa carga poética y emotiva que forma parte de su estilo. En “Mono no aware”, el sacrificio y el respeto a las tradiciones culturales son los ejes centrales de esta historia que nos deja con un nudo en la garganta y una catártica sensación de lo que significa el ser humano en su versión más noble. Su lectura me hizo recordar aquel clásico cuento de Tom Godwin, “Las ecuaciones frías”, donde las emociones no cuentan frente a la brutal fatalidad de los cálculos.

M34, de Eduardo Vaquerizo (España), fue otro de mis textos favoritos. Por su extensión, se trata más bien de una noveleta con tema detectivesco. La protagonista debe evaluar si un policía que ha disparado a la cabeza de un traficante de órganos, en medio de una redada, es aún confiable. El problema es que no se trata de un policía cualquiera, sino de un agente que ha sido rescatado de una muerte cerebral mediante el trasplante de una prótesis que suple las funciones de la materia gris que perdió en un incidente anterior. La investigación se entronca con un extraño asesinato que, a su vez, se le asigna a este policía ciborg. La trama policial es apasionante. Además, el problema de la frontera que separa la inteligencia artificial de la humana se desarrolla con una pericia digna de cualquier maestro anglosajón del género. Y hago esta comparación porque la ciencia ficción en español arroja cada vez más obras y escritores que no tienen nada que envidiar a sus homólogos de habla inglesa, quienes se mantuvieron a la cabeza de estos géneros durante el siglo XX. Con el nuevo milenio, y la salida de nuevos autores y tendencias en otras latitudes, es obvio que ha comenzado el fin de esa hegemonía absoluta que ahora comparten cada vez más autores de otras lenguas y culturas.

Otro título destacable es “Prolang”, de Ricardo Montesinos (España), donde la enseñanza de un nuevo lenguaje es capaz de transformar la manera en que se piensa, analiza y siente. Es un alegato sobre las diferencias emocionales y de aprendizaje entre seres humanos, aplicable a ciertas condiciones, como el autismo.

Chile aporta el relato “Policía del Karma”, de Jorge Baradit, una interesante mezcla de ciencia ficción y esoterismo, que apela a ese sentido de lo real maravilloso, característico de una rama de la ciencia ficción latinoamericana.

Una verdadera delicia me resultó “La epopeya de los amantes”, de Miguel Santander (España), inspirada en la cultura sumeria. Esta novela breve consta de dos partes: la “traducción” de varias tablillas sumerias y el supuesto diario de Nikola Tesla. Muy bien engarzada tras los recovecos de una trama compleja, con personajes pertenecientes a épocas muy diferentes y un ambiente que roza el steampunk, es una narración que recomiendo encarecidamente.

Otra noveleta fascinante es “La decisión”, de Paul McAuley (Gran Bretaña), donde el ánimo fantasioso y aventurero de la adolescencia transcurre en medio del cambio climático en un futuro no lejano. Para mí, una de los mejores aportes del volumen.

Resumiendo, Terra Nova 3 es otra excelente antología que se suma a sus dos hermanas anteriores, con varios relatos inolvidables para quienes gusten de las buenas historias.

Actualización: A diferencia de mis artículos anteriores, olvidé señalar en esta antología la labor de los traductores Manuel de los Reyes García Campos, María Pilar San Román Navarro, Juan Carlos Pavón Pavón, Javier Altayó, Raúl García Campos. Realmente va siendo nuevamente un placer leer traducciones de ciencia ficción tan bien hechas, en contraste con muchas que solían salir en los años 70 y 80.  Valga esta nota epilogar para agradecerles por la calidad de su trabajo.

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Archivado bajo Ciencia Ficción, Contemporáneos, Lecturas, Reseña

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