Buscando vida inteligente

Llegué de viaje y tengo muchísimo trabajo —debo terminar de revisar una novela y continuar otra—, pero no quiero que pase el tiempo sin hacer un recuento (para quienes me han preguntado) sobre qué se discutió y de qué hablamos los escritores, fans y científicos que nos reunimos del 6 al 9 de julio, en San Juan (Puerto Rico), durante la 12a NASFIC (Convención de Ciencia Ficción Norteamericana) o NorthAmeriCon, donde participé en varios paneles, como invitada de honor al evento, y en otros como simple espectadora.

En comparación con los simposios literarios tradicionales, las convenciones de ciencia ficción suelen ser más informales, pero yo diría que más intensas, porque uno puede tropezar a cada paso con científicos brillantes o especialistas en tecnologías de vanguardia (sí, esas que parecen ciencia ficción incluso para un escritor de ciencia ficción) que discuten sobre temas de bioingeniería, mecánica cuántica o especies alienígenas.

En términos personales, la atmósfera general que experimenté en esa convención fue absolutamente curativa. En un lugar así uno se reconcilia con la inteligencia humana, la armonía universal y el éxtasis que significa intercambiar ideas en un ambiente de libertad imaginativa que me gustaría vivir de manera cotidiana y permanente. Decir que una inmersión en ese oasis científico-literario ha sido como viajar a una de esas utopías como las que siempre soñé, sería insuficiente para describir el estado de brainstorming incesante que se respiraba a cada paso. Trataré de explicar por qué.

Señales de vida inteligente

Hace unos meses, mientras daba un curso de creación literaria para profesores, les insté a recuperar ese estado de expresión creadora que todos hemos experimentado en nuestra infancia. Los sistemas educativos actuales aún se rigen por reglas y patrones creados en el siglo XIX, y están basados en una serie de silogismos de la lógica aristotélica que, aunque pueden resultar útiles para reunir información y establecer algoritmos metodológicos para llevar a cabo ensayos e investigaciones de cualquier tipo, al mismo tiempo nos alejan o bloquean ciertos procesos mentales que son imprescindibles para desarrollar la imaginación.

Sin embargo, gran parte de los científicos que innovan, y cierto tipo de escritores y artistas, de algún modo se las han arreglado para mantener esa capacidad que les permiten pensar contra la corriente y reinterpretar la realidad de un modo prelógico o supralógico, de forma parecida al que usaron durante su infancia.

Ese modo diferente de observar la realidad requiere de una práctica continua que, si no se ha mantenido a lo largo de la vida, luego resulta difícil recuperar.

En el plano personal, cuando estoy con amigos o familiares, casi siempre mi intercambio verbal y emocional con ellos se mantiene dentro del universo de la lógica tradicional. El resultado es que con frecuencia me encuentro desprovista de ese otro tipo de percepción supralógica con la que vivo interiormente. Por eso la actividad social es agotadora para mí. Continuamente debo recordar que necesito mantenerme dentro de cierto tipo de lógica, límites o reglas para comunicarme de un modo aceptable.

No fue hasta que transcurrió buena parte de ese congreso —donde pasaba más de doce horas diarias conversando con el resto de los participantes— cuando me di cuenta de cuán hambrienta estaba de intercambiar ideas con otras personas que pueden funcionar en mi misma frecuencia, pues ese impulso de establecer conexiones insólitas, entre asuntos aparentemente disímiles, es lo más cercano y afín a mi naturaleza.

Mundos habitables

Uno de los aspectos que más disfruté fue asistir como espectadora —cuando tenía algún horario libre— a otros paneles. Entre los más interesantes estuvo la conferencia “Habitable Worlds” que ofreció el astrobiólogo Abel Méndez, director del Laboratorio de Habitabilidad Planetaria, dedicado al estudio de la habitabilidad de la Tierra, el Sistema Solar y planetas extrasolares, que trabaja en el Observatorio de Arecibo, uno de los centros más activos en el proyecto SETI (Search for Extraterrestrial Intelligence o Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre).

El astrobiólogo Méndez, quien mantiene el Catálogo de Exoplanetas Habitables, explicó las diversas vías que usan los científicos para hallar mundos con posibilidades de sustentar vida de cualquier tipo, incluyendo aquellos donde pudieran existir civilizaciones avanzadas.

Catálogo actual de exoplanetas con gran potencial de habitabilidad, colocados según el Índice de Similitud con la Tierra (si otorgamos a nuestro planeta un índice de 1.00), presentado por el astrobiólogo Abel Méndez.

Primero resumió los factores necesarios para que exista la vida, entre los que se encuentra el tamaño del planeta, que debe estar dentro de ciertos parámetros para poder contar con un campo gravitacional que permita retener atmósfera; la existencia de agua, cuya composición atómica es ideal para mezclar, disolver e interactuar de formas muy diversas con otros elementos y compuestos químicos; la distancia (dentro de la llamada “zona Goldilocks o Ricitos de Oro”, en alusión al cuento infantil) que debe mantener ese mundo en torno a su estrella para garantizar energía suficiente para la vida vegetal que luego sustentará a la animal, si esta aparece, y también importante para lograr un equilibrio entre las temperaturas extremas, porque un mundo demasiado frío o demasiado caliente puede malograr buena parte de las reacciones químicas necesarias para el desarrollo de la vida orgánica.

Se discutió la posibilidad de que pudieran existir formas de vida que no estuviesen basadas en los elementos Carbono, Oxígeno, Hidrógeno y Nitrógeno, como la nuestra, pero tratándose de elementos que se encuentran en el grupo de los más abundantes en el universo, es de esperar que la mayor parte de la vida en el universo también esté basada en una bioquímica similar a la nuestra.

Por otro lado, el hecho de que exista vida en un mundo no significa que haya llegado a un nivel elevado de inteligencia, por lo que si queremos encontrar civilizaciones más o menos avanzadas también hay que tomar en cuenta factores como la longevidad de la estrella y de su sistema solar para dar tiempo suficiente a que evolucionen criaturas capaces de impactar sobre su medio ambiente y modificarlo.

Otro de los temas que se abordaron fue la detección y comunicación a distancia con inteligencias alienígenas. La idea de “escuchar” las ondas radiales que provienen del espacio, para dilucidar si se trata de ruidos cósmicos naturales o artificiales, ya no parece la mejor manera de contactar con otras civilizaciones o de averiguar siquiera si hay vida inteligente allá afuera, entre otras cosas, porque esas ondas tienden a dispersarse y debilitarse a medida que se desplazan por el espacio; y dadas las enormes distancias existentes entre los cuerpos celestes, esa técnica equivale a buscar la proverbial aguja en un pajar, independientemente de que ahora se estén empleando métodos para concentrar y aumentar el alcance de esas señales.

Los astrónomos están a la búsqueda de nuevas opciones, como la creación de telescopios cada vez más potentes colocados fuera de la atmósfera terrestre —la cual deforma u opaca los objetos y las luces distantes—, empleando sistemas fotográficos cada vez más sofisticados que minimicen el pixelado de las imágenes, con el fin de detectar ciudades o territorios iluminados en el hemisferio nocturno de esos mundos, megaestructuras espaciales de diversos tipos (esfera de Dyson), y otras señales de civilización.

 

Lenguaje y religión más allá de la Tierra

Otro de los paneles que me interesó fue “Translation in Space”. En este participaron Christopher Rose (profesor de ingeniería y decano asociado de la facultad en Brown University), Lawrence M. Schoen (autor, psicólogo, doctor en psicolingüística), uno de esos geeks que puede hablar con fluidez el klingon, fundador del Klingon Language Institute y traductor a esa lengua del Tao Te King, la Epopeya de Gilgamesh y dos obras de Shakespeare, y Jonathan Brazee (escritor de ciencia ficción, infante de marina), que conversaron sobre los desafíos que representará el intercambio de comunicación con seres extraterrestres dentro de la ciencia ficción y en la (potencialmente posible) realidad.

La discusión tomó como punto de partida el filme Arrival (La llegada), basado en la noveleta La historia de tu vida, de Ted Chiang. Gran parte de la discusión giró, por supuesto, en torno a la lingüística y las posibles vías para traducir un lenguaje totalmente alienígena para el cual no contamos con ninguna Piedra Rosetta.

Habría, pues, que buscar factores comunes a dos especies distintas, que permitirían crear una zona de entendimiento mutuo. Entre ellos, se propusieron elementos de origen científico —matemáticas, química—, morfológico —en caso de que los alienígenas tuvieran extremidades y cuerpos con funciones semejantes a los nuestros—, protolingüísticos —sonidos onomatopéyicos—, y otros de utilidad más o menos dudosa.

¿Cuán complejo sería para los lingüístas terrestres establecer comunicación con inteligencias alienígenas que ni siquiera tienen una morfología humana? ¿Cómo establecer verbos (acciones), pronombres personales u otros elementos de comunicación, si no poseen movimientos físicos semejantes a los nuestros o si desconocemos sus costumbres y jerarquías sociales?

Por razones de horario, me perdí dos de los paneles que más me interesaban (“Really Weird Science” y “How to Make Religions in Fantasy/SF Stories Real?”), pero afortunadamente conseguí la información que buscaba.

El panel “Really Weird Science” (Ciencia Realmente Extraña) era una introducción a la computación cuántica que ofrecería Kevin Roche, científico investigador de la división Q (cuántica) de la IBM, donde en estos momentos experimentan con las primeras computadoras cuánticas. Tras la sesión, encontré a Kevin en un pasillo mientras escribía algo en su laptop y lo abordé para decirle cuánto lamentaba haberme perdido su charla. “¿Y qué querías saber de computación cuántica?”, me preguntó sonriendo. Y cuando le respondí, allí mismo me dio una conferencia magistral de media hora sobre el universo de los qubits y los entrelazamientos cuánticos, que no solo respondió a todas mis preguntas, sino que me aclaró varios detalles que aún no había aprehendido del todo en mis lecturas de mecánica cuántica… Thanks, Kevin! I owe you a big one!

En el otro panel, “How to Make Religions in Fantasy/SF Stories Real?”, estaría el astrónomo jesuita Guy Consolmagno, actual director del Observatorio del Vaticano y amante de la ciencia ficción desde sus años estudiantiles en el Instituto Tecnológico de Massachussetts.

Con Guy Consolmagno, director del Observatorio del Vaticano.

El hermano Consolmagno es un invitado bastante frecuente en convenciones de ciencia ficción, algo que pudiera parecer sorprendente para quienes no conocen a este brillante astrónomo que, después de haberse doctorado en el Laboratorio Lunar y Planetario de la Universidad de Arizona, fue profesor en el Observatorio del Harvard College, se alistó como miembro del Cuerpo de Paz en 1983 para enseñar astronomía y física en Kenya durante dos años y luego enseñó en una universidad de Pennsylvania. En 1989, a la edad de 37 años, decidió unirse a la orden jesuita en calidad de «hermano» y en estos momentos es el director del Observatorio del Vaticano. Su aporte al estudio de los asteroides y meteoritos es tan reconocido que el asteroide 4597 fue nombrado Consolmagno en su honor.

Aunque no fui a su charla, al menos pude conversar con él sobre cierta cuestión que siempre quise preguntarle a una persona con sus características, es decir, lo suficientemente inteligente e informada sobre el tema como para darme una respuesta no convencional sobre el asunto. No revelaré por ahora mi pregunta ni su respuesta, pero sí les diré que no me defraudó en absoluto.

Cosas como esta suceden todo el tiempo en una convención así. Me quedan otras por contar, pero eso vendrá en próximos artículos.

5 comentarios

Archivado bajo Astronomía, Ciencia Ficción, Literatura, Religión, Tecnología, Viajes

5 Respuestas a “Buscando vida inteligente

  1. ¡Daína, qué fascinante! Quisiera saber más de la convención. Gracias por compartir tus experiencias…y claro que me quedo super curiosa sobre lo que le preguntaste a ese señor y lo que te contestó él. Cariños desde Taos.

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  2. Sumamente interesante.-Un tema apasionante que nos haces llegar en un lenguaje simple,a pesar de ser algo tan profundo y complejo.–Gracias.

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  3. Como siempre interesante e instructivo. Un saludo de Venustacio.

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  4. Pingback: Novedades de Julio en Hispanoamérica - Amazing Stories

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