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Adiós a Lucía Huergo

sintesis

Portadas de las primeras ediciones de los discos “Ancestros I” (Grupo Síntesis) y “Cantos” (Grupo Mezcla con Lázaro Ros). Lucía Huergo aparece en el centro de la foto, con blusa blanca.

Esta madrugada se ha ido Lucía Huergo, a quien siempre había considerado “la maga del saxofón cubano”. Pianista, compositora, flautista y una arreglista genial sin la cual no existirían dos joyas de la discografía cubana de las últimas décadas, que ya son clásicos del rock afrocubano, y cuyas primeras ediciones en CD conservo como los tesoros que son.

Imposible olvidar sus arreglos a cantos afrocubanos en piezas como Eyeleó, Mereguo, Barasuayo o Titi-Layé, este último cantado por el inefable Akpwón de la música afrocubana Lázaro Ros (en el disco Ancestros I) –arreglos que eran casi composiciones personales, porque Lucía siempre supo imprimirles giros muy sui generis que la identificaban.

Murió, según dicen las noticias, con 57 años, a causa de cáncer del pulmón.

Feliz viaje, maestra. Nunca pude decirle en persona cuánto la admiraba, pero su música me seguirá acompañando en mis solitarias horas de escritura, como ocurre desde hace años.

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Ha muerto el trovador Santiago Feliú

Santiago Feliú y Donato Poveda, en La Habana de los años 80. Así eran ambos cuando los conocí.

Santiago Feliú y Donato Poveda, en La Habana de los años 80. Así eran ambos cuando los conocí.

Acabo de enterarme que el trovador cubano Santiago Feliú ha muerto de un infarto masivo en La Habana. Fue un amigo querido y uno de los mejores trovadores de mi generación. Recuerdo su voz, de una tesitura dulce y antigua, como la de un trovador medieval. Era un ser noble y simpático, una de esas personas a quienes la gente quiere porque no le queda otro remedio.

Lo conocí alrededor de los años 1980, cuando cantaba con el trovador Donato Poveda (que hoy vive en Miami), con quien formó el dúo más espectacular de toda una generación. Mis jornadas vespertinas para ir a escucharlos a ambos al anfiteatro del Parque Almendares, en cuyas gradas de cemento me sentaba con mis faldas de gitana hippie, rodeada de muchachos de cabellos largos, es uno de los recuerdos más preciados de mi juventud.

Descansa en paz, Santi. Siempre pensé que volveríamos a conversar algún día. Será en otra vida.

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El público silencioso contra la incultura

lamp_lightA veces me parece que vivo en un mundo esquizoide. Por un lado, muchos de los best-sellers actuales son monumentos a la peor literatura light. He intentado leer algunos ―pensando nostálgica y erradamente que podría encontrarme con algo semejante a aquellos éxitos editoriales de otras épocas como El nombre de la rosa, Bomarzo o Sinuhé el egipcio―, pero al final siempre son el tipo de libros que, tan pronto termino de leer (si es que los leo hasta el final), me dejan un espantoso vacío y una desagradable sensación de haber malgastado horas preciosas de mi vida.

Por otro lado, los medios masivos (desde la televisión hasta publicaciones supuestamente serias) promueven entrevistas a dudosos cantantes e intérpretes cuyo único talento consiste en disfrazarse de mamarrachos… supongo que con la intención de hacernos olvidar su total incapacidad para cantar o componer algo que valga la pena.

Uno podría pensar que el mundo del arte ha perdido todo tipo de valores, que el público sólo quiere escuchar canciones con letras incoherentes y plagadas de groserías, o que los lectores sólo siguen series aburridas y repetitivas de vampiros adolescentes o narraciones de un erotismo gris para amas de casa. Pero al mismo tiempo, de manera inexplicable, no dejo de escuchar comentarios de personas hartas de toda esa parafernalia farandulesca que parece haberse apoderado de los medios. Es como si existiera una corriente underground de gente que anhela y añora la buena literatura, la buena música, el buen arte… aunque, quizás apabulladas por lo que las rodea, parecen casi temerosas de expresar lo que quieren, como si exigir algo diferente fuese un crimen de lesa época.

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Vivimos en medio de un caos donde el concepto de arte se confunde con el de farándula, aunque es obvio que existe un público silencioso que se siente minimizado e ignorado por los medios de difusión y de mercadeo: cómplices de una banalidad a la que deberían combatir o, al menos, servir de tamiz crítico.

No sé si todo es parte de una crisis generalizada que algún día terminará. No sé si las aguas volverán a su nivel. Por mi parte, intento subsistir en el vórtice del desbarajuste cultural. Me dedico a bucear, en medio de este océano confuso, para encontrar autores clásicos del pasado y unos pocos contemporáneos que, sin tanta alharaca mediática, continúan creando sin hacer concesiones al mercado. Tal vez muy pocos de ellos salgan a menudo en la prensa, pero sus obras se han convertido para mí en una opción ineludible. Ellos son, hoy por hoy, la diferencia entre mi supervivencia espiritual o morir de asfixia ante la avalancha de mediocridad que amenaza con arrastrarnos a todos.

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Decadencia y caída de casi toda la música

A casi nadie le gusta equivocarse, pero hay excepciones. Yo, por ejemplo, quisiera equivocarme al pensar que casi todos los grupos y solistas musicales que surgen últimamente son de un facilismo y banalidad exasperantes, de una chabacanería y vulgaridad que cuesta trabajo aceptar, y de una falta de creatividad y originalidad supinas, como si todos hubieran sido creados bajo el mismo molde de una fábrica. Hay excepciones, claro. Pero hablo de la generalidad.

Cuando era adolescente, apenas había un mes en que no pasara por mis manos el nuevo disco de algún grupo de calidad asombrosa: Chicago, Led Zeppelin, Credence Clearwater Revival, The Guess Who, Black Sabbath, Iron Butterfly, Steppenwolf, Yes, Jethro Tull, Deep Purple, Emerson, Lake & Palmer, The Doors, Pink Floyd, Santana, Blood, Sweat & Tears, The Who, Blind Faith, Fleetwood Mac, King Crimson, Three Dog Night… Y eso, sin mencionar a solistas como Peter Frampton, Rick Wakeman, Eric Clapton, Janis Joplin, Alan Parsons, Jimi Hendrix, Mike Oldfield… Podría seguir añadiendo nombres a la lista. Y me he concentrado en la música anglosajona porque esta ha marcado la pauta internacional desde los años 60. Pero lo mismo podría aplicarse a la que se hace en otros países.

No sé cómo nos las arreglábamos, con la prohibición que reinaba en Cuba sobre el rock, para conseguir tarde o temprano todos esos ábumes fabulosos. No dejábamos de maravillarnos ante la variedad y creatividad de intérpretes y compositores. Quisiera poder encontrar aunque sea tres grupos o solistas actuales que se igualen en calidad a los ya mencionados; y cuando digo calidad, me refiero a un sonido propio, no imitativo, sino innovador, creador de algo único, sui generis… A mí solo se me ocurre Clannad. Hasta los grupos, solistas o dúos que en el pasado consideré de poco interés, hoy se me antojan verdaderas estrellas al lado de cualquiera de esos bodrios que escucho por la radio o la TV. Me gustaría que alguien me convenciera de que la música que se hace hoy tiene la misma originalidad, poesía, inclinaciones pacifistas o reflexiones filosóficas que contenían muchas de aquellas canciones. ¿Qué ha ocurrido? ¿Alguien tiene una respuesta?

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