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Mis lecturas preferidas del año 2013

Libros2013

Cada vez que termina un año, la prensa, los blogs y los portales publican sus listados de las películas más taquilleras, los peores desastres, las personalidades más sexy, las tecnologías más innovadoras, los mayores escándalos, y todo tipo de inventarios que intentan resumir las actividades del año, agrupándolos en temas que van desde los más sublimes hasta los más intrascendentales o ridículos. También muchas personas resumen sus logros, sueños o pérdidas al final de cada año. Por mi parte, me gusta hacer un recuento de los mejores libros que he leído.

En medio del maremagno de publicaciones, sé lo difícil que resulta para un lector distinguir las obras realmente valiosas de las mediocres. Muchas veces la prensa se guía más por los altibajos del mercado que por el verdadero valor de un libro. Como no me considero crítico ni especialista, no me interesa mostrar que estoy al tanto de las novedades. Mi lista contiene simplemente los mejores textos que han llegado a mis manos durante los últimos doce meses, no importa si se trata de obras recientes o de clásicos ya antiguos que, por alguna razón, no había leído antes. Mi intención es suministrar una guía basada en valores estéticos y conceptuales. El orden de aparición no indica una preferencia personal de unos sobre otros. Creo que todos son igualmente excepcionales.

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Enciclopedia Británica deja de editarse en papel

Acabo de enterarme que la famosa y casi mítica Enciclopedia Británica, el non plus ultra de la información académica y confiable durante 224 años, dejará de publicar sus voluminosos tomos en papel. La última edición impresa fue en 2010, con 32 tomos. En lo adelante, los interesados en consultarla podrán hacerlo en su nuevo sitio Web.

Su modo de uso recuerda el formato de Wikipedia, aunque sus editores afirman que la diferencia está en que la confiabilidad de la Británica es superior. El único inconveniente es que para tener acceso completo habrá que pagar 69.95 dólares al año. La actualización de contenidos será cada dos semanas.

La edición online de la Enciclopedia Británica tiene miles de artículos que no figuraban en la edición impresa. Habrá un listado de referencias y enlaces a otros lugares de Internet que serán seleccionados y revisados por los editores y dará acceso a artículos de las revistas más importantes y a datos estadísticos actualizados sobre cada país del mundo, así como acceso al diccionario Merriam-Webster, con más de 225.000 entradas. Por último, la nueva Británica online permitirá ver imágenes de multimedia como vídeos, audios y gráficos interactivos –algo de lo que carecía la edición tradicional.

Esta capacidad de ofrecer información a través de Internet es una de las grandes ventajas de la era digital. Y aunque en un artículo anterior (¿Por qué no me gustan los e-books?) había expresado mi preferencia por los libros de papel, en el caso de los portales para consultar datos prefiero la información digitalizada. Es un ahorro de papel, espacio y tiempo considerables.

Ahora bien, no sé cuánta gente esté dispuesta a pagar por esa suscripción anual. No es mucho dinero, pero dadas las condiciones económicas de buena parte del mundo, no me parece que –excepto instituciones o unos pocos centenares o miles de individuos– muchos se sumen a esa opción. Espero que, en un futuro, el portal decida admitir anunciantes que costeen el sitio y obtengan de ese modo las ganancias apropiadas para mantenerlo. Con la cantidad de visitantes que tendrán, sospecho que no sería difícil conseguirlo. Sería la solución ideal para que los lectores no tuviéramos que pagar por acceder a sus páginas.

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Volar como los pájaros: el sueño de Leonardo da Vinci se hace realidad

El sueño de volar ha sido uno de los más constantes en toda la historia del ser humano. Desde Ícaro hasta Leonardo da Vinci, muchos han envidiado la capacidad de las aves para elevarse y planear en los aires sin ningún accesorio que intervenga entre su cuerpo y el viento en su entorno.

Ahora la fantasía se ha convertido en realidad al menos para Jarno Smeets, ingeniero holandés que diseñó y construyó un par de alas totalmente funcionales que le permitieron imitar el vuelo de dichos animales durante al menos 1 minuto a una altura de 100 metros.

Lo distintivo en las alas de Smeets es que la fuerza muscular humana promedio se amplifica por medio de dispositivos robóticos y mecánicos que permiten el aleteo de estas prótesis que tienen un área de 17 metros cuadrados.

Los subtítulos en ingles del video pueden activarse cliqueando en la caja de Closed Captions (CC).

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¿Por qué no me gustan los e-books?

Uno de los mayores debates en estos tiempos ha sido la repentina revolución digital de nuestra cultura que ha irrumpido en un sector que se había mantenido casi estático desde hace cinco siglos. Con la excepción de algunas mejoras en el diseño, tipos de papel y tipografía de letras, el libro se había mantenido como una estructura básicamente igual desde los tiempos de Guttenberg, con tan escasas variaciones que se trata de un objeto fácilmente identificable, lo mismo si fue impreso en el siglo XV que en el XXI. Ahora, la revolución digital ha traído un concepto nuevo en el diseño y manipulación del libro: una pantalla del tamaño de una hoja de papel, capaz de almacenar en su interior una biblioteca completa: el e-book o e-reader.

Dicho así, de pronto, la idea resulta maravillosa. Es el sueño de cualquier lector obsesivo como yo. ¿Cuántas veces no tenemos que revisar nuestros libreros para deshacernos de los libros que leímos una vez y que ya no nos interesan, para dejar espacio a aquellos que atesoramos y de los cuales no queremos desprendernos? Almacenar miles de libros en un objeto que pesa unas onzas es algo que solo pudieron soñar los escritores de ciencia ficción.

El único problema del e-book es… que no es un libro. Al menos, como yo lo entiendo. Para empezar, uno no puede marcar, subrayar o comentar a gusto en los márgenes, usando lápices o plumas de colores. Por otro lado, cuesta mucho trabajo llegar a una página específica. Suelo tener una memoria eidética en lo que concierne a letras, y recuerdo muy bien por dónde estaba algo que leí y quiero repasar. Pero con el e-book, las páginas virtuales no funcionan igual que con un libro común. Se demoran mucho en pasar y no es posible manipularlo del mismo modo que un libro, en el que uno puede saltar de la página 300 a la 15 con apenas un leve gesto de los dedos. Con el e-book tampoco es posible tener varios libros abiertos a la vez mientras se hacen cotejos de datos para una investigación. Por cierto, hay estudios que demuestran que la nueva generación que se apoya demasiado en las búsquedas digitales, ya sea por Internet o usando e-books, está perdiendo conexiones neuronales que son necesarias para la memoria y la concentración.

Pero lo peor no es eso. No tengo dudas de que la mayoría de ustedes conservan libros que los han acompañado desde hace muchos años, posiblemente desde la infancia. Tal vez incluso tengan algunos que fueron de sus padres y de sus abuelos, como es mi caso. Varios de mis libros conservan la firma o las anotaciones al margen que hiciera mi madre, ya fallecida; otros muestran los apuntes que yo misma hice en ellos cuando era niña o adolescente… En mi biblioteca hay libros que tienen casi un siglo. ¿Alguien puede creer que, en este mundo donde cada año el mercado lanza nuevos equipos que obligan a desechar los viejos, alguien podrá conservar un e-book lleno de apuntes y marcas por más de cinco años? Lo dudo. Un e-book es un objeto efímero. Un libro es para siempre.

Un e-book es un objeto efímero. Un libro es para siempre

No sé si el libro de papel desaparecerá pronto o algún día. O si permanecerá como una opción diferente de lectura. No sé tampoco si alguna vez me decidiré a comprar un iPad, aunque sólo sea para cargar con varios libros durante un viaje. Pero espero morir teniendo, como ahora, una biblioteca donde pueda hallar cualquiera de mis libros, de una sola ojeada, sin tener que encender un equipo electrónico. Tal vez sean manías personales, pero mientras escribo me gusta tener cerca los libros que han pasado por las manos de mis padres, de mis abuelos y de la adolescente soñadora que fui en otra época. Es reconfortante tener frente a mí las historias que he aprendido a amar a lo largo de mi vida y que me recuerdan, con solo repasar los títulos y los nombres de sus autores, que estoy en la mejor compañía del mundo.

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Delfinautas: un deporte de ciencia ficción

Existe una fascinación casi ancestral de los seres humanos, quizás proveniente de algún gen oculto, ante el espectáculo de los delfines saltando y jugando en su medio acuático. Y si alguno de ustedes ha tenido la suerte, como yo, de poder nadar con estas cristuras, pueden estar seguros de que esa fascinación se convertirá en una experiencia mística. Ahora bien, que los humanos puedan saltar y maniobrar en el agua como uno de ellos ha sido un sueño paralelo al mundo de la ciencia ficción… hasta ahora. Gracias a Frank Zapata, aficionado a los deportes acuáticos, este deseo es ya una realidad. Su invento, denominado Flypack, es un equipo que absorbe agua y la expulsa a propulsión. A diferencia de otros aparatos de propulsión hidráulica, en este equipo el agua sale por un mecanismo situado en la planta de los pies, lo que convierte al delfinauta (y me disculpan el neologismo que acabo de inventar) en un verdadero cetáceo humano, capaz de elevarse a mayor altura que el original.

Ese cohete acuático cuesta 6.500 dólares, que no parece un precio excesivo para lo novedoso que resulta, si bien el equipo necesita de un jet ski para adherir una manguera y conducir al delfín-humano.

En el siguiente video se muestra al inventor realizando una serie de piruetas agua-aire, que se convierten en imágenes casi perturbadoras por su onírico surrealismo. Les recomiendo que lo vean hasta el final porque cuando uno ya cree que el delfinatuta no podrá hacer piruetas más espectaculares, luego vuelve a sorprendernos.

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